El pozo y el péndulo Edgar Allan Poe
Sentía náuseas, náuseas de muerte después de tan larga agonía; y, cuando por fin me desataron y me permitieron sentarme, comprendí que mis sentidos me abandonaban. La sentencia, la atroz sentencia de muerte, fue el último sonido reconocible que registraron mis oídos. Después, el murmullo de las voces de los inquisidores pareció fundirse en un soñoliento zumbido indeterminado, que trajo a mi mente la idea de revolución, tal vez porque imaginativamente lo confundía con el ronroneo de una rueda de molino. Esto duró muy poco, pues de pronto cesé de oír. Pero al mismo tiempo pude ver... ¡aunque con qué terrible exageración! Vi los labios de los jueces togados de negro. Me parecieron blancos... más blancos que la hoja sobre la cual trazo estas palabras, y finos hasta lo grotesco; finos por la intensidad de su expresión de firmeza, de inmutable resolución, de absoluto desprecio hacia la tortura humana. Vi que los decretos de lo que para mí era el destino brotaban todavía de aquellos labios. Los vi torcerse mientras pronunciaban una frase letal. Los vi formar las sílabas de mi nombre, y me estremecí, porque ningún sonido llegaba hasta mí. Y en aquellos momentos de horror delirante vi también oscilar imperceptible y suavemente las negras colgaduras que ocultaban los muros de la estancia. Entonces mi visión recayó en las siete altas bujías de la mesa. Al principio me parecieron símbolos de caridad, como blancos y esbeltos ángeles que me salvarían; pero entonces, bruscamente, una espantosa náusea invadió mi espíritu y sentí que todas mis fibras se estremecían como si hubiera tocado los hilos de una batería galvánica, mientras las formas angélicas se convertían en hueros espectros de cabezas llameantes, y comprendí que ninguna ayuda me vendría de ellos. Como una profunda nota musical penetró en mi fantasía la noción de que la tumba debía ser el lugar del más dulce descanso. El pensamiento vino poco a poco y sigiloso, de modo que pasó un tiempo antes de poder apreciarlo plenamente; pero, en el momento en que mi espíritu llegaba por fin a abrigarlo, las figuras de los jueces se desvanecieron como por arte de magia, las altas bujías se hundieron en la nada, mientras sus llamas desaparecían, y me envolvió la más negra de las tinieblas. Todas mis sensaciones fueron tragadas por el torbellino de una caída en profundidad, como la del alma en el Hades. Y luego el universo no fue más que silencio, calma y noche.
Me había desmayado, pero no puedo afirmar que hubiera perdido completamente la conciencia. No trataré de definir lo que me quedaba de ella, y menos describirla; pero no la había perdido por completo. En el más profundo sopor, en el delirio, en el desmayo... ¡hasta la muerte, hasta la misma tumba!, no todo se pierde. O bien, no existe la inmortalidad para el hombre. Cuando surgimos del más profundo de los sopores, rompemos la tela sutil de algún sueño. Y, sin embargo, un poco más tarde (tan frágil puede haber sido aquella tela) no nos acordamos de haber soñado. Cuando volvemos a la vida después de un desmayo, pasamos por dos momentos: primero, el del sentimiento de la existencia mental o espiritual; segundo, el de la existencia física. Es probable que si al llegar al segundo momento pudiéramos recordar las impresiones del primero, éstas contendrían multitud de recuerdos del abismo que se abre más atrás. Y ese abismo, ¿qué es? ¿Cómo, por lo menos, distinguir sus sombras de la tumba? Pero si las impresiones de lo que he llamado el primer momento no pueden ser recordadas por un acto de la voluntad, ¿no se presentan inesperadamente después de un largo intervalo, mientras nos maravillamos preguntándonos de dónde proceden? Aquel que nunca se ha desmayado, no descubrirá extraños palacios y caras fantásticamente familiares en las brasas del carbón; no contemplará, flotando en el aire, las melancólicas visiones que la mayoría no es capaz de ver; no meditará mientras respira el perfume de una nueva flor; no sentirá exaltarse su mente ante el sentido de una cadencia musical que jamás había llamado antes su atención.
Entre frecuentes y reflexivos esfuerzos para recordar, entre acendradas luchas para apresar algún vestigio de ese estado de aparente aniquilación en el cual se había hundido mi alma, ha habido momentos en que he vislumbrado el triunfo; breves, brevísimos períodos en que pude evocar recuerdos que, a la luz de mi lucidez posterior, sólo podían referirse a aquel momento de aparente inconsciencia. Esas sombras de recuerdo me muestran, borrosamente, altas siluetas que me alzaron y me llevaron en silencio, descendiendo... descendiendo... siempre descendiendo... hasta que un horrible mareo me oprimió a la sola idea de lo interminable de ese descenso. También evocan el vago horror que sentía mi corazón, precisamente a causa de la monstruosa calma que me invadía. Viene luego una sensación de súbita inmovilidad que invade todas las cosas, como si aquellos que me llevaban (¡atroz cortejo!) hubieran superado en su descenso los límites de lo ilimitado y descansaran de la fatiga de su tarea. Después de esto viene a la mente como un desabrimiento y humedad, y luego, todo es locura -la locura de un recuerdo que se afana entre cosas prohibidas.
Súbitamente, el movimiento y el sonido ganaron otra vez mi espíritu: el tumultuoso movimiento de mi corazón y, en mis oídos, el sonido de su latir. Sucedió una pausa, en la que todo era confuso. Otra vez sonido, movimiento y tacto -una sensación de hormigueo en todo mi cuerpo-. Y luego la mera conciencia de existir, sin pensamiento; algo que duró largo tiempo. De pronto, bruscamente, el pensamiento, un espanto estremecedor y el esfuerzo más intenso por comprender mi verdadera situación. A esto sucedió un profundo deseo de recaer en la insensibilidad. Otra vez un violento revivir del espíritu y un esfuerzo por moverme, hasta conseguirlo. Y entonces el recuerdo vívido del proceso, los jueces, las colgaduras negras, la sentencia, la náusea, el desmayo. Y total olvido de lo que siguió, de todo lo que tiempos posteriores, y un obstinado esfuerzo, me han permitido vagamente recordar.
Hasta ese momento no había abierto los ojos. Sentí que yacía de espaldas y que no estaba atado. Alargué la mano, que cayó pesadamente sobre algo húmedo y duro. La dejé allí algún tiempo, mientras trataba de imaginarme dónde me hallaba y qué era de mí. Ansiaba abrir los ojos, pero no me atrevía, porque me espantaba esa primera mirada a los objetos que me rodeaban. No es que temiera contemplar cosas horribles, pero me horrorizaba la posibilidad de que no hubiese nada que ver. Por fin, lleno de atroz angustia mi corazón, abrí de golpe los ojos, y mis peores suposiciones se confirmaron. Me rodeaba la tiniebla de una noche eterna. Luché por respirar; lo intenso de aquella oscuridad parecía oprimirme y sofocarme. La atmósfera era de una intolerable pesadez. Me quedé inmóvil, esforzándome por razonar. Evoqué el proceso de la Inquisición, buscando deducir mi verdadera situación a partir de ese punto. La sentencia había sido pronunciada; tenía la impresión de que desde entonces había transcurrido largo tiempo. Pero ni siquiera por un momento me consideré verdaderamente muerto. Semejante suposición, no obstante lo que leemos en los relatos ficticios, es por completo incompatible con la verdadera existencia. Pero, ¿dónde y en qué situación me encontraba? Sabía que, por lo regular, los condenados morían en un auto de fe, y uno de éstos acababa de realizarse la misma noche de mi proceso. ¿Me habrían devuelto a mi calabozo a la espera del próximo sacrificio, que no se cumpliría hasta varios meses más tarde? Al punto vi que era imposible. En aquel momento había una demanda inmediata de víctimas. Y, además, mi calabozo, como todas las celdas de los condenados en Toledo, tenía piso de piedra y la luz no había sido completamente suprimida.
Una horrible idea hizo que la sangre se agolpara a torrentes en mi corazón, y por un breve instante recaí en la insensibilidad. Cuando me repuse, temblando convulsivamente, me levanté y tendí desatinadamente los brazos en todas direcciones. No sentí nada, pero no me atrevía a dar un solo paso, por temor de que me lo impidieran las paredes de una tumba. Brotaba el sudor por todos mis poros y tenía la frente empapada de gotas heladas. Pero la agonía de la incertidumbre terminó por volverse intolerable, y cautelosamente me volví adelante, con los brazos tendidos, desorbitados los ojos en el deseo de captar el más débil rayo de luz. Anduve así unos cuantos pasos, pero todo seguía siendo tiniebla y vacío. Respiré con mayor libertad; por lo menos parecía evidente que mi destino no era el más espantoso de todos.
Pero entonces, mientras seguía avanzando cautelosamente, resonaron en mi recuerdo los mil vagos rumores de las cosas horribles que ocurrían en Toledo. Cosas extrañas se contaban sobre los calabozos; cosas que yo había tomado por invenciones, pero que no por eso eran menos extrañas y demasiado horrorosas para ser repetidas, salvo en voz baja. ¿Me dejarían morir de hambre en este subterráneo mundo de tiniebla, o quizá me aguardaba un destino todavía peor? Demasiado conocía yo el carácter de mis jueces para dudar de que el resultado sería la muerte, y una muerte mucho más amarga que la habitual. Todo lo que me preocupaba y me enloquecía era el modo y la hora de esa muerte.
Mis manos extendidas tocaron, por fin, un obstáculo sólido. Era un muro, probablemente de piedra, sumamente liso, viscoso y frío. Me puse a seguirlo, avanzando con toda la desconfianza que antiguos relatos me habían inspirado. Pero esto no me daba oportunidad de asegurarme de las dimensiones del calabozo, ya que daría toda la vuelta y retornaría al lugar de partida sin advertirlo, hasta tal punto era uniforme y lisa la pared. Busqué, pues, el cuchillo que llevaba conmigo cuando me condujeron a las cámaras inquisitoriales; había desaparecido, y en lugar de mis ropas tenía puesto un sayo de burda estameña. Había pensado hundir la hoja en alguna juntura de la mampostería, a fin de identificar mi punto de partida. Pero, de todos modos, la dificultad carecía de importancia, aunque en el desorden de mi mente me pareció insuperable en el primer momento. Arranqué un pedazo del ruedo del sayo y lo puse bien extendido y en ángulo recto con respecto al muro. Luego de tentar toda la vuelta de mi celda, no dejaría de encontrar el jirón al completar el circuito. Tal es lo que, por lo menos, pensé, pues no había contado con el tamaño del calabozo y con mi debilidad. El suelo era húmedo y resbaladizo. Avancé, titubeando, un trecho, pero luego trastrabillé y caí. Mi excesiva fatiga me indujo a permanecer postrado y el sueño no tardó en dominarme.
Al despertar y extender un brazo hallé junto a mí un pan y un cántaro de agua. Estaba demasiado exhausto para reflexionar acerca de esto, pero comí y bebí ávidamente. Poco después reanudé mi vuelta al calabozo y con mucho trabajo llegué, por fin, al pedazo de estameña. Hasta el momento de caer al suelo había contado cincuenta y dos pasos, y al reanudar mi vuelta otros cuarenta y ocho, hasta llegar al trozo de género. Había, pues, un total de cien pasos. Contando una yarda por cada dos pasos, calculé que el calabozo tenía un circuito de cincuenta yardas. No obstante, había encontrado numerosos ángulos de pared, de modo que no podía hacerme una idea clara de la forma de la cripta, a la que llamo así pues no podía impedirme pensar que lo era.
Poca finalidad y menos esperanza tenían estas investigaciones, pero una vaga curiosidad me impelía a continuarlas. Apartándome de la pared, resolví cruzar el calabozo por uno de sus diámetros. Avancé al principio con suma precaución, pues aunque el piso parecía de un material sólido, era peligrosamente resbaladizo a causa del limo. Cobré ánimo, sin embargo, y terminé caminando con firmeza, esforzándome por seguir una línea todo lo recta posible. Había avanzado diez o doce pasos en esta forma cuando el ruedo desgarrado del sayo se me enredó en las piernas. Trastabillando, caí violentamente de bruces.
En la confusión que siguió a la caída no reparé en un sorprendente detalle que, pocos segundos más tarde, y cuando aún yacía boca abajo, reclamó mi atención. Helo aquí: tenía el mentón apoyado en el piso del calabozo, pero mis labios y la parte superior de mi cara, que aparentemente debían encontrarse a un nivel inferior al de la mandíbula, no se apoyaba en nada. Al mismo tiempo me pareció que bañaba mi frente un vapor viscoso, y el olor característico de los hongos podridos penetró en mis fosas nasales. Tendí un brazo y me estremecí al descubrir que me había desplomado exactamente al borde de un pozo circular, cuya profundidad me era imposible descubrir por el momento. Tanteando en la mampostería que bordeaba el pozo logré desprender un menudo fragmento y lo tiré al abismo. Durante largos segundos escuché cómo repercutía al golpear en su descenso las paredes del pozo; hubo por fin un chapoteo en el agua, al cual sucedieron sonoros ecos. En ese mismo instante oí un sonido semejante al de abrirse y cerrarse rápidamente una puerta en lo alto, mientras un débil rayo de luz cruzaba instantáneamente la tiniebla y volvía a desvanecerse con la misma precipitación.
Comprendí claramente el destino que me habían preparado y me felicité de haber escapado a tiempo gracias al oportuno accidente. Un paso más antes de mi caída y el mundo no hubiera vuelto a saber de mí. La muerte a la que acababa de escapar tenía justamente las características que yo había rechazado como fabulosas y antojadizas en los relatos que circulaban acerca de la Inquisición. Para las víctimas de su tiranía se reservaban dos especies de muerte: una llena de horrorosos sufrimientos físicos, y otra acompañada de sufrimientos morales todavía más atroces. Yo estaba destinado a esta última. Mis largos padecimientos me habían desequilibrado los nervios, al punto que bastaba el sonido de mi propia voz para hacerme temblar, y por eso constituía en todo sentido el sujeto ideal para la clase de torturas que me aguardaban.
Estremeciéndome de pies a cabeza, me arrastré hasta volver a tocar la pared, resuelto a perecer allí antes que arriesgarme otra vez a los horrores de los pozos -ya que mi imaginación concebía ahora más de uno- situados en distintos lugares del calabozo. De haber tenido otro estado de ánimo, tal vez me hubiera alcanzado el coraje para acabar de una vez con mis desgracias precipitándome en uno de esos abismos; pero había llegado a convertirme en el peor de los cobardes. Y tampoco podía olvidar lo que había leído sobre esos pozos, esto es, que su horrible disposición impedía que la vida se extinguiera de golpe.
La agitación de mi espíritu me mantuvo despierto durante largas horas, pero finalmente acabé por adormecerme. Cuando desperté, otra vez había a mi lado un pan y un cántaro de agua. Me consumía una sed ardiente y de un solo trago vacié el jarro. El agua debía contener alguna droga, pues apenas la hube bebido me sentí irresistiblemente adormilado. Un profundo sueño cayó sobre mí, un sueño como el de la muerte. No sé, en verdad, cuánto duró, pero cuando volví a abrir los ojos los objetos que me rodeaban eran visibles. Gracias a un resplandor sulfuroso, cuyo origen me fue imposible determinar al principio, pude contemplar la extensión y el aspecto de mi cárcel.
Mucho me había equivocado sobre su tamaño. El circuito completo de los muros no pasaba de unas veinticinco yardas. Durante unos minutos, esto me llenó de una vana preocupación. Vana, sí, pues nada podía tener menos importancia, en las terribles circunstancias que me rodeaban, que las simples dimensiones del calabozo. Pero mi espíritu se interesaba extrañamente en nimiedades y me esforcé por descubrir el error que había podido cometer en mis medidas. Por fin se me reveló la verdad. En la primera tentativa de exploración había contado cincuenta y dos pasos hasta el momento en que caí al suelo. Sin duda, en ese instante me encontraba a uno o dos pasos del jirón de estameña, es decir, que había cumplido casi completamente la vuelta del calabozo. Al despertar de mi sueño debí emprender el camino en dirección contraria, es decir, volviendo sobre mis pasos, y así fue cómo supuse que el circuito medía el doble de su verdadero tamaño. La confusión de mi mente me impidió reparar entonces que había empezado mi vuelta teniendo la pared a la izquierda y que la terminé teniéndola a la derecha. También me había engañado sobre la forma del calabozo. Al tantear las paredes había encontrado numerosos ángulos, deduciendo así que el lugar presentaba una gran irregularidad. ¡Tan potente es el efecto de las tinieblas sobre alguien que despierta de la letargia o del sueño! Los ángulos no eran más que unas ligeras depresiones o entradas a diferentes intervalos. Mi prisión tenía forma cuadrada. Lo que había tomado por mampostería resultaba ser hierro o algún otro metal, cuyas enormes planchas, al unirse y soldarse, ocasionaban las depresiones. La entera superficie de esta celda metálica aparecía toscamente pintarrajeada con todas las horrendas y repugnantes imágenes que la sepulcral superstición de los monjes había sido capaz de concebir. Las figuras de demonios amenazantes, de esqueletos y otras imágenes todavía más terribles recubrían y desfiguraban los muros. Reparé en que las siluetas de aquellas monstruosidades estaban bien delineadas, pero que los colores parecían borrosos y vagos, como si la humedad de la atmósfera los hubiese afectado. Noté asimismo que el suelo era de piedra. En el centro se abría el pozo circular de cuyas fauces, abiertas como si bostezara, acababa de escapar; pero no había ningún otro en el calabozo.
Vi todo esto sin mucho detalle y con gran trabajo, pues mi situación había cambiado grandemente en el curso de mi sopor. Yacía ahora de espaldas, completamente estirado, sobre una especie de bastidor de madera. Estaba firmemente amarrado por una larga banda que parecía un cíngulo. Pasaba, dando muchas vueltas, por mis miembros y mi cuerpo, dejándome solamente en libertad la cabeza y el brazo derecho, que con gran trabajo podía extender hasta los alimentos, colocados en un plato de barro a mi alcance. Para mayor espanto, vi que se habían llevado el cántaro de agua. Y digo espanto porque la más intolerable sed me consumía. Por lo visto, la intención de mis torturadores era estimular esa sed, pues la comida del plato consistía en carne sumamente condimentada.
Mirando hacia arriba observé el techo de mi prisión. Tendría unos treinta o cuarenta pies de alto, y su construcción se asemejaba a la de los muros. En uno de sus paneles aparecía una extraña figura que se apoderó por completo de mi atención. La pintura representaba al Tiempo tal como se lo suele figurar, salvo que, en vez de guadaña, tenía lo que me pareció la pintura de un pesado péndulo, semejante a los que vemos en los relojes antiguos. Algo, sin embargo, en la apariencia de aquella imagen me movió a observarla con más detalle. Mientras la miraba directamente de abajo hacia arriba (pues se encontraba situada exactamente sobre mí) tuve la impresión de que se movía. Un segundo después esta impresión se confirmó. La oscilación del péndulo era breve y, naturalmente, lenta. Lo observé durante un rato con más perplejidad que temor. Cansado, al fin, de contemplar su monótono movimiento, volví los ojos a los restantes objetos de la celda.
Un ligero ruido atrajo mi atención y, mirando hacia el piso, vi cruzar varias enormes ratas. Habían salido del pozo, que se hallaba al alcance de mi vista sobre la derecha. Aún entonces, mientras las miraba, siguieron saliendo en cantidades, presurosas y con ojos famélicos atraídas por el olor de la carne. Me dio mucho trabajo ahuyentarlas del plato de comida.
Habría pasado una media hora, quizá una hora entera -pues sólo tenía una noción imperfecta del tiempo-, antes de volver a fijar los ojos en lo alto. Lo que entonces vi me confundió y me llenó de asombro. La carrera del péndulo había aumentado, aproximadamente, en una yarda. Como consecuencia natural, su velocidad era mucho más grande. Pero lo que me perturbó fue la idea de que el péndulo había descendido perceptiblemente. Noté ahora -y es inútil agregar con cuánto horror- que su extremidad inferior estaba constituida por una media luna de reluciente acero, cuyo largo de punta a punta alcanzaba a un pie. Aunque afilado como una navaja, el péndulo parecía macizo y pesado, y desde el filo se iba ensanchando hasta rematar en una ancha y sólida masa. Hallábase fijo a un pesado vástago de bronce y todo el mecanismo silbaba al balancearse en el aire.
Ya no me era posible dudar del destino que me había preparado el ingenio de los monjes para la tortura. Los agentes de la Inquisición habían advertido mi descubrimiento del pozo. El pozo, sí, cuyos horrores estaban destinados a un recusante tan obstinado como yo; el pozo, símbolo típico del infierno, última Thule de los castigos de la Inquisición, según los rumores que corrían. Por el más casual de los accidentes había evitado caer en el pozo y bien sabía que la sorpresa, la brusca precipitación en los tormentos, constituían una parte importante de las grotescas muertes que tenían lugar en aquellos calabozos. No habiendo caído en el pozo, el demoniaco plan de mis verdugos no contaba con precipitarme por la fuerza, y por eso, ya que no quedaba otra alternativa, me esperaba ahora un final diferente y más apacible. ¡Más apacible! Casi me sonreí en medio del espanto al pensar en semejante aplicación de la palabra.
¿De qué vale hablar de las largas, largas horas de un horror más que mortal, durante las cuales conté las zumbantes oscilaciones del péndulo? Pulgada a pulgada, con un descenso que sólo podía apreciarse después de intervalos que parecían siglos... más y más íbase aproximando. Pasaron días -puede ser que hayan pasado muchos días- antes de que oscilara tan cerca de mí que parecía abanicarme con su acre aliento. El olor del afilado acero penetraba en mis sentidos... Supliqué, fatigando al cielo con mis ruegos, para que el péndulo descendiera más velozmente. Me volví loco, me exasperé e hice todo lo posible por enderezarme y quedar en el camino de la horrible cimitarra. Y después caí en una repentina calma y me mantuve inmóvil, sonriendo a aquella brillante muerte como un niño a un bonito juguete.
Siguió otro intervalo de total insensibilidad. Fue breve, pues al resbalar otra vez en la vida noté que no se había producido ningún descenso perceptible del péndulo. Podía, sin embargo, haber durado mucho, pues bien sabía que aquellos demonios estaban al tanto de mi desmayo y que podían haber detenido el péndulo a su gusto. Al despertarme me sentí inexpresablemente enfermo y débil, como después de una prolongada inanición. Aun en la agonía de aquellas horas la naturaleza humana ansiaba alimento. Con un penoso esfuerzo alargué el brazo izquierdo todo lo que me lo permitían mis ataduras y me apoderé de una pequeña cantidad que habían dejado las ratas. Cuando me llevaba una porción a los labios pasó por mi mente un pensamiento apenas esbozado de alegría... de esperanza. Pero, ¿qué tenía yo que ver con la esperanza? Era aquél, como digo, un pensamiento apenas formado; muchos así tiene el hombre que no llegan a completarse jamás. Sentí que era de alegría, de esperanza; pero sentí al mismo tiempo que acababa de extinguirse en plena elaboración. Vanamente luché por alcanzarlo, por recobrarlo. El prolongado sufrimiento había aniquilado casi por completo mis facultades mentales ordinarias. No era más que un imbécil, un idiota.
La oscilación del péndulo se cumplía en ángulo recto con mi cuerpo extendido. Vi que la media luna estaba orientada de manera de cruzar la zona del corazón. Desgarraría la estameña de mi sayo..., retornaría para repetir la operación... otra vez..., otra vez... A pesar de su carrera terriblemente amplia (treinta pies o más) y la sibilante violencia de su descenso, capaz de romper aquellos muros de hierro, todo lo que haría durante varios minutos sería cortar mi sayo. A esa altura de mis pensamientos debí de hacer una pausa, pues no me atrevía a prolongar mi reflexión. Me mantuve en ella, pertinazmente fija la atención, como si al hacerlo pudiera detener en ese punto el descenso de la hoja de acero. Me obligué a meditar acerca del sonido que haría la media luna cuando pasara cortando el género y la especial sensación de estremecimiento que produce en los nervios el roce de una tela. Pensé en todas estas frivolidades hasta el límite de mi resistencia.
Bajaba... seguía bajando suavemente. Sentí un frenético placer en comparar su velocidad lateral con la del descenso. A la derecha... a la izquierda... hacia los lados, con el aullido de un espíritu maldito... hacia mi corazón, con el paso sigiloso del tigre. Sucesivamente reí a carcajadas y clamé, según que una u otra idea me dominara.
Bajaba... ¡Seguro, incansable, bajaba! Ya pasaba vibrando a tres pulgadas de mi pecho. Luché con violencia, furiosamente, para soltar mi brazo izquierdo, que sólo estaba libre a partir del codo. Me era posible llevar la mano desde el plato, puesto a mi lado, hasta la boca, pero no más allá. De haber roto las ataduras arriba del codo, hubiera tratado de detener el péndulo. ¡Pero lo mismo hubiera sido pretender atajar un alud!
Bajaba... ¡Sin cesar, inevitablemente, bajaba! Luché, jadeando, a cada oscilación. Me encogía convulsivamente a cada paso del péndulo. Mis ojos seguían su carrera hacia arriba o abajo, con la ansiedad de la más inexpresable desesperación; mis párpados se cerraban espasmódicamente a cada descenso, aunque la muerte hubiera sido para mí un alivio, ¡ah, inefable! Pero cada uno de mis nervios se estremecía, sin embargo, al pensar que el más pequeño deslizamiento del mecanismo precipitaría aquel reluciente, afilado eje contra mi pecho. Era la esperanza la que hacía estremecer mis nervios y contraer mi cuerpo. Era la esperanza, esa esperanza que triunfa aún en el potro del suplicio, que susurra al oído de los condenados a muerte hasta en los calabozos de la Inquisición.
Vi que después de diez o doce oscilaciones el acero se pondría en contacto con mi ropa, y en el mismo momento en que hice esa observación invadió mi espíritu toda la penetrante calma concentrada de la desesperación. Por primera vez en muchas horas -quizá días- me puse a pensar. Acudió a mi mente la noción de que la banda o cíngulo que me ataba era de una sola pieza. Mis ligaduras no estaban constituidas por cuerdas separadas. El primer roce de la afiladísima media luna sobre cualquier porción de la banda bastaría para soltarla, y con ayuda de mi mano izquierda podría desatarme del todo. Pero, ¡cuán terrible, en ese caso, la proximidad del acero! ¡Cuán letal el resultado de la más leve lucha! Y luego, ¿era verosímil que los esbirros del torturador no hubieran previsto y prevenido esa posibilidad? ¿Cabía pensar que la atadura cruzara mi pecho en el justo lugar por donde pasaría el péndulo? Temeroso de descubrir que mi débil y, al parecer, postrera esperanza se frustraba, levanté la cabeza lo bastante para distinguir con claridad mi pecho. El cíngulo envolvía mis miembros y mi cuerpo en todas direcciones, salvo en el lugar por donde pasaría el péndulo.
Apenas había dejado caer hacia atrás la cabeza cuando relampagueó en mi mente algo que sólo puedo describir como la informe mitad de aquella idea de liberación a que he aludido previamente y de la cual sólo una parte flotaba inciertamente en mi mente cuando llevé la comida a mis ardientes labios. Mas ahora el pensamiento completo estaba presente, débil, apenas sensato, apenas definido... pero entero. Inmediatamente, con la nerviosa energía de la desesperación, procedí a ejecutarlo.
Durante horas y horas, cantidad de ratas habían pululado en la vecindad inmediata del armazón de madera sobre el cual me hallaba. Aquellas ratas eran salvajes, audaces, famélicas; sus rojas pupilas me miraban centelleantes, como si esperaran verme inmóvil para convertirme en su presa. «¿A qué alimento -pensé- las han acostumbrado en el pozo?» A pesar de todos mis esfuerzos por impedirlo, ya habían devorado el contenido del plato, salvo unas pocas sobras. Mi mano se había agitado como un abanico sobre el plato; pero, a la larga, la regularidad del movimiento le hizo perder su efecto. En su voracidad, las odiosas bestias me clavaban sus afiladas garras en los dedos. Tomando los fragmentos de la aceitosa y especiada carne que quedaba en el plato, froté con ellos mis ataduras allí donde era posible alcanzarlas, y después, apartando mi mano del suelo, permanecí completamente inmóvil, conteniendo el aliento.
Los hambrientos animales se sintieron primeramente aterrados y sorprendidos por el cambio... la cesación de movimiento. Retrocedieron llenos de alarma, y muchos se refugiaron en el pozo. Pero esto no duró más que un momento. No en vano había yo contado con su voracidad. Al observar que seguía sin moverme, una o dos de las mas atrevidas saltaron al bastidor de madera y olfatearon el cíngulo. Esto fue como la señal para que todas avanzaran. Salían del pozo, corriendo en renovados contingentes. Se colgaron de la madera, corriendo por ella y saltaron a centenares sobre mi cuerpo. El acompasado movimiento del péndulo no las molestaba para nada. Evitando sus golpes, se precipitaban sobre las untadas ligaduras. Se apretaban, pululaban sobre mí en cantidades cada vez más grandes. Se retorcían cerca de mi garganta; sus fríos hocicos buscaban mis labios. Yo me sentía ahogar bajo su creciente peso; un asco para el cual no existe nombre en este mundo llenaba mi pecho y helaba con su espesa viscosidad mi corazón. Un minuto más, sin embargo, y la lucha terminaría. Con toda claridad percibí que las ataduras se aflojaban. Me di cuenta de que debían de estar rotas en más de una parte. Pero, con una resolución que excedía lo humano, me mantuve inmóvil.
No había errado en mis cálculos ni sufrido tanto en vano. Por fin, sentí que estaba libre. El cíngulo colgaba en tiras a los lados de mi cuerpo. Pero ya el paso del péndulo alcanzaba mi pecho. Había dividido la estameña de mi sayo y cortaba ahora la tela de la camisa. Dos veces más pasó sobre mí, y un agudísimo dolor recorrió mis nervios. Pero el momento de escapar había llegado. Apenas agité la mano, mis libertadoras huyeron en tumulto. Con un movimiento regular, cauteloso, y encogiéndome todo lo posible, me deslicé, lentamente, fuera de mis ligaduras, más allá del alcance de la cimitarra. Por el momento, al menos, estaba libre.
Libre... ¡y en las garras de la Inquisición! Apenas me había apartado de aquel lecho de horror para ponerme de pie en el piso de piedra, cuando cesó el movimiento de la diabólica máquina, y la vi subir, movida por una fuerza invisible, hasta desaparecer más allá del techo. Aquello fue una lección que debí tomar desesperadamente a pecho. Indudablemente espiaban cada uno de mis movimientos. ¡Libre! Apenas si había escapado de la muerte bajo la forma de una tortura, para ser entregado a otra que sería peor aún que la misma muerte. Pensando en eso, paseé nerviosamente los ojos por las barreras de hierro que me encerraban. Algo insólito, un cambio que, al principio, no me fue posible apreciar claramente, se había producido en el calabozo. Durante largos minutos, sumido en una temblorosa y vaga abstracción me perdí en vanas y deshilvanadas conjeturas. En estos momentos pude advertir por primera vez el origen de la sulfurosa luz que iluminaba la celda. Procedía de una fisura de media pulgada de ancho, que rodeaba por completo el calabozo al pie de las paredes, las cuales parecían -y en realidad estaban- completamente separadas del piso. A pesar de todos mis esfuerzos, me fue imposible ver nada a través de la abertura.
Al ponerme otra vez de pie comprendí de pronto el misterio del cambio que había advertido en la celda. Ya he dicho que, si bien las siluetas de las imágenes pintadas en los muros eran suficientemente claras, los colores parecían borrosos e indefinidos. Pero ahora esos colores habían tomado un brillo intenso y sorprendente, que crecía más y más y daba a aquellas espectrales y diabólicas imágenes un aspecto que hubiera quebrantado nervios más resistentes que los míos. Ojos demoniacos, de una salvaje y aterradora vida, me contemplaban fijamente desde mil direcciones, donde ninguno había sido antes visible, y brillaban con el cárdeno resplandor de un fuego que mi imaginación no alcanzaba a concebir como irreal.
¡Irreal...! Al respirar llegó a mis narices el olor característico del vapor que surgía del hierro recalentado... Aquel olor sofocante invadía más y más la celda... Los sangrientos horrores representados en las paredes empezaron a ponerse rojos... Yo jadeaba, tratando de respirar. Ya no me cabía duda sobre la intención de mis torturadores. ¡Ah, los más implacables, los más demoniacos entre los hombres! Corrí hacia el centro de la celda, alejándome del metal ardiente. Al encarar en mi pensamiento la horrible destrucción que me aguardaba, la idea de la frescura del pozo invadió mi alma como un bálsamo. Corrí hasta su borde mortal. Esforzándome, miré hacia abajo. El resplandor del ardiente techo iluminaba sus más recónditos huecos. Y, sin embargo, durante un horrible instante, mi espíritu se negó a comprender el sentido de lo que veía. Pero, al fin, ese sentido se abrió paso, avanzó poco a poco hasta mi alma, hasta arder y consumirse en mi estremecida razón. ¡Oh, poder expresarlo! ¡Oh espanto! ¡Todo... todo menos eso! Con un alarido, salté hacia atrás y hundí mi cara en las manos, sollozando amargamente.
El calor crecía rápidamente, y una vez más miré a lo alto, temblando como en un ataque de calentura. Un segundo cambio acababa de producirse en la celda..., y esta vez el cambio tenía que ver con la forma. Al igual que antes, fue inútil que me esforzara por apreciar o entender inmediatamente lo que estaba ocurriendo. Pero mis dudas no duraron mucho. La venganza de la Inquisición se aceleraba después de mi doble escapatoria, y ya no habría más pérdida de tiempo por parte del Rey de los Espantos. Hasta entonces mi celda había sido cuadrada. De pronto vi que dos de sus ángulos de hierro se habían vuelto agudos, y los otros dos, por consiguiente, obtusos. La horrible diferencia se acentuaba rápidamente, con un resonar profundo y quejumbroso. En un instante el calabozo cambió su forma por la de un rombo. Pero el cambio no se detuvo allí, y yo no esperaba ni deseaba que se detuviera. Podría haber pegado mi pecho a las rojas paredes, como si fueran vestiduras de eterna paz. «¡La muerte!» -clamé-. «¡Cualquier muerte, menos la del pozo!» ¡Insensato! ¿Acaso no era evidente que aquellos hierros al rojo tenían por objeto precipitarme en el pozo? ¿Podría acaso resistir su fuego? Y si lo resistiera, ¿cómo oponerme a su presión? El rombo se iba achatando más y más, con una rapidez que no me dejaba tiempo para mirar. Su centro y, por tanto, su diámetro mayor llegaba ya sobre el abierto abismo. Me eché hacia atrás, pero las movientes paredes me obligaban irresistiblemente a avanzar. Por fin no hubo ya en el piso del calabozo ni una pulgada de asidero para mi chamuscado y convulso cuerpo. Cesé de luchar, pero la agonía de mi alma se expresó en un agudo, prolongado alarido final de desesperación. Sentí que me tambaleaba al borde del pozo... Desvié la mirada...
¡Y oí un discordante clamoreo de voces humanas! ¡Resonó poderoso un toque de trompetas! ¡Escuché un áspero chirriar semejante al de mil truenos! ¡Las terribles paredes retrocedieron! Una mano tendida sujetó mi brazo en el instante en que, desmayado, me precipitaba al abismo. Era la del general Lasalle. El ejército francés acababa de entrar en Toledo. La Inquisición estaba en poder de sus enemigos.
FIN
jueves, 3 de septiembre de 2009
La máscara de la muerte roja Edgar Allan Poe
La máscara de la muerte roja
Edgar Allan Poe
La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.
Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.
Al cumplirse el quinto o sexto mes de su reclusión, y cuando la peste hacía los más terribles estragos, el príncipe Próspero ofreció a sus mil amigos un baile de máscaras de la más insólita magnificencia.
Aquella mascarada era un cuadro voluptuoso, pero permitan que antes les describa los salones donde se celebraba. Eran siete -una serie imperial de estancias-. En la mayoría de los palacios, la sucesión de salones forma una larga galería en línea recta, pues las dobles puertas se abren hasta adosarse a las paredes, permitiendo que la vista alcance la totalidad de la galería. Pero aquí se trataba de algo muy distinto, como cabía esperar del amor del príncipe por lo extraño. Las estancias se hallaban dispuestas con tal irregularidad que la visión no podía abarcar más de una a la vez. Cada veinte o treinta metros había un brusco recodo, y en cada uno nacía un nuevo efecto. A derecha e izquierda, en mitad de la pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía el contorno de la serie de salones. Las ventanas tenían vitrales cuya coloración variaba con el tono dominante de la decoración del aposento. Si, por ejemplo, la cámara de la extremidad oriental tenía tapicerías azules, vívidamente azules eran sus ventanas. La segunda estancia ostentaba tapicerías y ornamentos purpúreos, y aquí los vitrales eran púrpura. La tercera era enteramente verde, y lo mismo los cristales. La cuarta había sido decorada e iluminada con tono naranja; la quinta, con blanco; la sexta, con violeta. El séptimo aposento aparecía completamente cubierto de colgaduras de terciopelo negro, que abarcaban el techo y la paredes, cayendo en pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad. Pero en esta cámara el color de las ventanas no correspondía a la decoración. Los cristales eran escarlata, tenían un color de sangre.
A pesar de la profusión de ornamentos de oro que aparecían aquí y allá o colgaban de los techos, en aquellas siete estancias no había lámparas ni candelabros. Las cámaras no estaban iluminadas con bujías o arañas. Pero en los corredores paralelos a la galería, y opuestos a cada ventana, se alzaban pesados trípodes que sostenían un ígneo brasero cuyos rayos se proyectaban a través de los cristales teñidos e iluminaban brillantemente cada estancia. Producían en esa forma multitud de resplandores tan vivos como fantásticos. Pero en la cámara del poniente, la cámara negra, el fuego que a través de los cristales de color de sangre se derramaba sobre las sombrías colgaduras, producía un efecto terriblemente siniestro, y daba una coloración tan extraña a los rostros de quienes penetraban en ella, que pocos eran lo bastante audaces para poner allí los pies. En este aposento, contra la pared del poniente, se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando el minutero había completado su circuito y la hora iba a sonar, de las entrañas de bronce del mecanismo nacía un tañido claro y resonante, lleno de música; mas su tono y su énfasis eran tales que, a cada hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir momentáneamente su ejecución para escuchar el sonido, y las parejas danzantes cesaban por fuerza sus evoluciones; durante un momento, en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y, mientras aún resonaban los tañidos del reloj, era posible observar que los más atolondrados palidecían y los de más edad y reflexión se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a una confusa meditación o a un ensueño. Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas nacían en la asamblea; los músicos se miraban entre sí, como sonriendo de su insensata nerviosidad, mientras se prometían en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta y tres mil seiscientos segundos del Tiempo que huye, el reloj daba otra vez la hora, y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación.
Pese a ello, la fiesta era alegre y magnífica. El príncipe tenía gustos singulares. Sus ojos se mostraban especialmente sensibles a los colores y sus efectos. Desdeñaba los caprichos de la mera moda. Sus planes eran audaces y ardientes, sus concepciones brillaban con bárbaro esplendor. Algunos podrían haber creído que estaba loco. Sus cortesanos sentían que no era así. Era necesario oírlo, verlo y tocarlo para tener la seguridad de que no lo estaba. El príncipe se había ocupado personalmente de gran parte de la decoración de las siete salas destinadas a la gran fiesta, su gusto había guiado la elección de los disfraces.
Grotescos eran éstos, a no dudarlo. Reinaba en ellos el brillo, el esplendor, lo picante y lo fantasmagórico. Veíanse figuras de arabesco, con siluetas y atuendos incongruentes, veíanse fantasías delirantes, como las que aman los locos. En verdad, en aquellas siete cámaras se movía, de un lado a otro, una multitud de sueños. Y aquellos sueños se contorsionaban en todas partes, cambiando de color al pasar por los aposentos, y haciendo que la extraña música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos.
Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias.
Congregábase densa multitud en estas últimas, donde afiebradamente latía el corazón de la vida. Continuaba la fiesta en su torbellino hasta el momento en que comenzaron a oírse los tañidos del reloj anunciando la medianoche. Calló entonces la música, como ya he dicho, y las evoluciones de los que bailaban se interrumpieron; y como antes, se produjo en todo una cesacion angustiosa. Mas esta vez el reloj debía tañer doce campanadas, y quizá por eso ocurrió que los pensamientos invadieron en mayor número las meditaciones de aquellos que reflexionaban entre la multitud entregada a la fiesta. Y quizá también por eso ocurrió que, antes de que los últimos ecos del carrillón se hubieran hundido en el silencio, muchos de los concurrentes tuvieron tiempo para advertir la presencia de una figura enmascarada que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Y, habiendo corrido en un susurro la noticia de aquella nueva presencia, alzóse al final un rumor que expresaba desaprobación, sorpresa y, finalmente, espanto, horror y repugnancia. En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba incluso más allá de lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. En el corazón de los más temerarios hay cuerdas que no pueden tocarse sin emoción. Aún el más relajado de los seres, para quien la vida y la muerte son igualmente un juego, sabe que hay cosas con las cuales no se puede jugar. Los concurrentes parecían sentir en lo más hondo que el traje y la apariencia del desconocido no revelaban ni ingenio ni decoro. Su figura, alta y flaca, estaba envuelta de la cabeza a los pies en una mortaja. La máscara que ocultaba el rostro se parecía de tal manera al semblante de un cadáver ya rígido, que el escrutinio más detallado se habría visto en dificultades para descubrir el engaño. Cierto, aquella frenética concurrencia podía tolerar, si no aprobar, semejante disfraz. Pero el enmascarado se había atrevido a asumir las apariencias de la Muerte Roja. Su mortaja estaba salpicada de sangre, y su amplia frente, así como el rostro, aparecían manchados por el horror escarlata.
Cuando los ojos del príncipe Próspero cayeron sobre la espectral imagen (que ahora, con un movimiento lento y solemne como para dar relieve a su papel, se paseaba entre los bailarines), convulsionóse en el primer momento con un estremecimiento de terror o de disgusto; pero inmediatamente su frente enrojeció de rabia.
-¿Quién se atreve -preguntó, con voz ronca, a los cortesanos que lo rodeaban-, quién se atreve a insultarnos con esta burla blasfematoria? ¡Apodérense de él y desenmascárenlo, para que sepamos a quién vamos a ahorcar al alba en las almenas!
Al pronunciar estas palabras, el príncipe Próspero se hallaba en el aposento del este, el aposento azul. Sus acentos resonaron alta y claramente en las siete estancias, pues el príncipe era hombre temerario y robusto, y la música acababa de cesar a una señal de su mano.
Con un grupo de pálidos cortesanos a su lado hallábase el príncipe en el aposento azul. Apenas hubo hablado, los presentes hicieron un movimiento en dirección al intruso, quien, en ese instante, se hallaba a su alcance y se acercaba al príncipe con paso sereno y cuidadoso. Mas la indecible aprensión que la insana apariencia de enmascarado había producido en los cortesanos impidió que nadie alzara la mano para detenerlo; y así, sin impedimentos, pasó éste a un metro del príncipe, y, mientras la vasta concurrencia retrocedía en un solo impulso hasta pegarse a las paredes, siguió andando ininterrumpidamente pero con el mismo y solemne paso que desde el principio lo había distinguido. Y de la cámara azul pasó la púrpura, de la púrpura a la verde, de la verde a la anaranjada, desde ésta a la blanca y de allí, a la violeta antes de que nadie se hubiera decidido a detenerlo. Mas entonces el príncipe Próspero, enloquecido por la ira y la vergüenza de su momentánea cobardía, se lanzó a la carrera a través de los seis aposentos, sin que nadie lo siguiera por el mortal terror que a todos paralizaba. Puñal en mano, acercóse impetuosamente hasta llegar a tres o cuatro pasos de la figura, que seguía alejándose, cuando ésta, al alcanzar el extremo del aposento de terciopelo, se volvió de golpe y enfrentó a su perseguidor. Oyóse un agudo grito, mientras el puñal caía resplandeciente sobre la negra alfombra, y el príncipe Próspero se desplomaba muerto. Poseídos por el terrible coraje de la desesperación, numerosas máscaras se lanzaron al aposento negro; pero, al apoderarse del desconocido, cuya alta figura permanecía erecta e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, retrocedieron con inexpresable horror al descubrir que el sudario y la máscara cadavérica que con tanta rudeza habían aferrado no contenían ninguna figura tangible.
Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caida. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo
Edgar Allan Poe
La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.
Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.
Al cumplirse el quinto o sexto mes de su reclusión, y cuando la peste hacía los más terribles estragos, el príncipe Próspero ofreció a sus mil amigos un baile de máscaras de la más insólita magnificencia.
Aquella mascarada era un cuadro voluptuoso, pero permitan que antes les describa los salones donde se celebraba. Eran siete -una serie imperial de estancias-. En la mayoría de los palacios, la sucesión de salones forma una larga galería en línea recta, pues las dobles puertas se abren hasta adosarse a las paredes, permitiendo que la vista alcance la totalidad de la galería. Pero aquí se trataba de algo muy distinto, como cabía esperar del amor del príncipe por lo extraño. Las estancias se hallaban dispuestas con tal irregularidad que la visión no podía abarcar más de una a la vez. Cada veinte o treinta metros había un brusco recodo, y en cada uno nacía un nuevo efecto. A derecha e izquierda, en mitad de la pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía el contorno de la serie de salones. Las ventanas tenían vitrales cuya coloración variaba con el tono dominante de la decoración del aposento. Si, por ejemplo, la cámara de la extremidad oriental tenía tapicerías azules, vívidamente azules eran sus ventanas. La segunda estancia ostentaba tapicerías y ornamentos purpúreos, y aquí los vitrales eran púrpura. La tercera era enteramente verde, y lo mismo los cristales. La cuarta había sido decorada e iluminada con tono naranja; la quinta, con blanco; la sexta, con violeta. El séptimo aposento aparecía completamente cubierto de colgaduras de terciopelo negro, que abarcaban el techo y la paredes, cayendo en pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad. Pero en esta cámara el color de las ventanas no correspondía a la decoración. Los cristales eran escarlata, tenían un color de sangre.
A pesar de la profusión de ornamentos de oro que aparecían aquí y allá o colgaban de los techos, en aquellas siete estancias no había lámparas ni candelabros. Las cámaras no estaban iluminadas con bujías o arañas. Pero en los corredores paralelos a la galería, y opuestos a cada ventana, se alzaban pesados trípodes que sostenían un ígneo brasero cuyos rayos se proyectaban a través de los cristales teñidos e iluminaban brillantemente cada estancia. Producían en esa forma multitud de resplandores tan vivos como fantásticos. Pero en la cámara del poniente, la cámara negra, el fuego que a través de los cristales de color de sangre se derramaba sobre las sombrías colgaduras, producía un efecto terriblemente siniestro, y daba una coloración tan extraña a los rostros de quienes penetraban en ella, que pocos eran lo bastante audaces para poner allí los pies. En este aposento, contra la pared del poniente, se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando el minutero había completado su circuito y la hora iba a sonar, de las entrañas de bronce del mecanismo nacía un tañido claro y resonante, lleno de música; mas su tono y su énfasis eran tales que, a cada hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir momentáneamente su ejecución para escuchar el sonido, y las parejas danzantes cesaban por fuerza sus evoluciones; durante un momento, en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y, mientras aún resonaban los tañidos del reloj, era posible observar que los más atolondrados palidecían y los de más edad y reflexión se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a una confusa meditación o a un ensueño. Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas nacían en la asamblea; los músicos se miraban entre sí, como sonriendo de su insensata nerviosidad, mientras se prometían en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta y tres mil seiscientos segundos del Tiempo que huye, el reloj daba otra vez la hora, y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación.
Pese a ello, la fiesta era alegre y magnífica. El príncipe tenía gustos singulares. Sus ojos se mostraban especialmente sensibles a los colores y sus efectos. Desdeñaba los caprichos de la mera moda. Sus planes eran audaces y ardientes, sus concepciones brillaban con bárbaro esplendor. Algunos podrían haber creído que estaba loco. Sus cortesanos sentían que no era así. Era necesario oírlo, verlo y tocarlo para tener la seguridad de que no lo estaba. El príncipe se había ocupado personalmente de gran parte de la decoración de las siete salas destinadas a la gran fiesta, su gusto había guiado la elección de los disfraces.
Grotescos eran éstos, a no dudarlo. Reinaba en ellos el brillo, el esplendor, lo picante y lo fantasmagórico. Veíanse figuras de arabesco, con siluetas y atuendos incongruentes, veíanse fantasías delirantes, como las que aman los locos. En verdad, en aquellas siete cámaras se movía, de un lado a otro, una multitud de sueños. Y aquellos sueños se contorsionaban en todas partes, cambiando de color al pasar por los aposentos, y haciendo que la extraña música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos.
Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias.
Congregábase densa multitud en estas últimas, donde afiebradamente latía el corazón de la vida. Continuaba la fiesta en su torbellino hasta el momento en que comenzaron a oírse los tañidos del reloj anunciando la medianoche. Calló entonces la música, como ya he dicho, y las evoluciones de los que bailaban se interrumpieron; y como antes, se produjo en todo una cesacion angustiosa. Mas esta vez el reloj debía tañer doce campanadas, y quizá por eso ocurrió que los pensamientos invadieron en mayor número las meditaciones de aquellos que reflexionaban entre la multitud entregada a la fiesta. Y quizá también por eso ocurrió que, antes de que los últimos ecos del carrillón se hubieran hundido en el silencio, muchos de los concurrentes tuvieron tiempo para advertir la presencia de una figura enmascarada que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Y, habiendo corrido en un susurro la noticia de aquella nueva presencia, alzóse al final un rumor que expresaba desaprobación, sorpresa y, finalmente, espanto, horror y repugnancia. En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba incluso más allá de lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. En el corazón de los más temerarios hay cuerdas que no pueden tocarse sin emoción. Aún el más relajado de los seres, para quien la vida y la muerte son igualmente un juego, sabe que hay cosas con las cuales no se puede jugar. Los concurrentes parecían sentir en lo más hondo que el traje y la apariencia del desconocido no revelaban ni ingenio ni decoro. Su figura, alta y flaca, estaba envuelta de la cabeza a los pies en una mortaja. La máscara que ocultaba el rostro se parecía de tal manera al semblante de un cadáver ya rígido, que el escrutinio más detallado se habría visto en dificultades para descubrir el engaño. Cierto, aquella frenética concurrencia podía tolerar, si no aprobar, semejante disfraz. Pero el enmascarado se había atrevido a asumir las apariencias de la Muerte Roja. Su mortaja estaba salpicada de sangre, y su amplia frente, así como el rostro, aparecían manchados por el horror escarlata.
Cuando los ojos del príncipe Próspero cayeron sobre la espectral imagen (que ahora, con un movimiento lento y solemne como para dar relieve a su papel, se paseaba entre los bailarines), convulsionóse en el primer momento con un estremecimiento de terror o de disgusto; pero inmediatamente su frente enrojeció de rabia.
-¿Quién se atreve -preguntó, con voz ronca, a los cortesanos que lo rodeaban-, quién se atreve a insultarnos con esta burla blasfematoria? ¡Apodérense de él y desenmascárenlo, para que sepamos a quién vamos a ahorcar al alba en las almenas!
Al pronunciar estas palabras, el príncipe Próspero se hallaba en el aposento del este, el aposento azul. Sus acentos resonaron alta y claramente en las siete estancias, pues el príncipe era hombre temerario y robusto, y la música acababa de cesar a una señal de su mano.
Con un grupo de pálidos cortesanos a su lado hallábase el príncipe en el aposento azul. Apenas hubo hablado, los presentes hicieron un movimiento en dirección al intruso, quien, en ese instante, se hallaba a su alcance y se acercaba al príncipe con paso sereno y cuidadoso. Mas la indecible aprensión que la insana apariencia de enmascarado había producido en los cortesanos impidió que nadie alzara la mano para detenerlo; y así, sin impedimentos, pasó éste a un metro del príncipe, y, mientras la vasta concurrencia retrocedía en un solo impulso hasta pegarse a las paredes, siguió andando ininterrumpidamente pero con el mismo y solemne paso que desde el principio lo había distinguido. Y de la cámara azul pasó la púrpura, de la púrpura a la verde, de la verde a la anaranjada, desde ésta a la blanca y de allí, a la violeta antes de que nadie se hubiera decidido a detenerlo. Mas entonces el príncipe Próspero, enloquecido por la ira y la vergüenza de su momentánea cobardía, se lanzó a la carrera a través de los seis aposentos, sin que nadie lo siguiera por el mortal terror que a todos paralizaba. Puñal en mano, acercóse impetuosamente hasta llegar a tres o cuatro pasos de la figura, que seguía alejándose, cuando ésta, al alcanzar el extremo del aposento de terciopelo, se volvió de golpe y enfrentó a su perseguidor. Oyóse un agudo grito, mientras el puñal caía resplandeciente sobre la negra alfombra, y el príncipe Próspero se desplomaba muerto. Poseídos por el terrible coraje de la desesperación, numerosas máscaras se lanzaron al aposento negro; pero, al apoderarse del desconocido, cuya alta figura permanecía erecta e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, retrocedieron con inexpresable horror al descubrir que el sudario y la máscara cadavérica que con tanta rudeza habían aferrado no contenían ninguna figura tangible.
Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caida. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo
resuemen El gato negro (narraciones extraordinarias) de Edgar Allan Poe
resuemen El gato negro(narraciones extraordinarias) de Edgar Allan Poe
1º texto.- El gato negro. ( Relatos. Pág. 3 hasta la 19 ).
Resumen.
La historia trata un suceso sin decir como se llaman los personajes; el relato narra como un personaje, tiene pasión por los animales, y su ultima adquisición después de casarse a sido un gato.
Un día que venia bebido cogió al gato y como no le gustaba su forma de mirarle le arranco un ojo, después se arrepintió, pero el gato se quedo sin uno de sus globos oculares. Poco después decidió acabar con el sufrimiento del pobre gato y lo ahorco en un árbol, cuando fue de camino a su casa una gran concentración de curiosos estaba delante de ella, la casa estaba ardiendo.
Después del pavoroso incendio, solo quedaron un par de tabiques en pie, todo lo demás fue totalmente calcinado, siniestro total, pero sin vidas humanas de por medio, este señor fue a ver lo que quedaba de su casa y entre ello vio un tabique que le llamo la atención, era el único que permanecía casi intacto, se fijo, y pudo distinguir entre las formas de la pared una silueta de un gato...
Después de un tiempo, su situación volvió a ser relativamente normal, tenia casa, mujer, proyectos de futuro, etc., pero un día yendo de copas en un bar encontró a un gato y decidió adoptarlo, se lo llevo a casa.
Él notaba que el gato le miraba mal, que solo se fiaba de su mujer, que a él no le daba muestras de afecto, ni le seguía, ni le hacia caso. Un día que había bebido llego a casa ebrio y decidió matar al gato, cogió una hacha se la hecho a la espalda y mato a su mujer, ella se había puesto detrás para ver lo que iba hacer y ella fue quien recibió el hachazo, la mato de un golpe.
Éste viendo el panorama, decidió hacer un agujero en la pared, metió el cadáver y lo tapó como si la pared estuviera intacta, siguió con su propósito de matar al gato, no lo encontró.
Poco tiempo después la gente sospechaba de la extraña desaparición de su vecina, y la policía le incriminaba como principal sospechoso.
Un día los agentes del orden fueron a su casa a hacer una inspección no encontraron nada, pero se empezaron a oír maullidos desde el sótano, los agentes se guiaron por ellos y resultaron estar detrás de la pared, la tiraron y vieron que allí había un gato maullando y una mujer muerta.
2º texto.- La máscara de la muerte roja. ( Relatos. Pág. 49 hasta la 61 ).
Resumen.
Hace muchos años un noble príncipe llamado Próspero, vio como su pueblo moría, pero no de muerte natural sino por una enfermedad, esté decidió encerrarse en su castillo y hacer una fiesta con la gente noble y sana de su reino, allí vivirían, comerían, crecerían, morirían, y con todo tipo de lujos.
La fiesta resultó coincidir con los carnavales y decidió hacer una fiesta de bienvenida decorando los salones cada uno de un color y un tema distinto.
Una vez empezó la fiesta el príncipe pudo ver como cada sala tenia un ambiente distinto, cada cual más bonito y alegre, se paseo por todos sus salones y pudo observar los trajes maravillosos de las doncellas y de los caballeros, todos eran bonitos y espectaculares, hasta que en uno de los salones se cruzo con un espectro que primero le estremeció y le encontró repulsivo, encendido de rabia y dio mando quitar la careta al bufón, pero este empezó a dar vueltas por la sala, matando así a toda la gente a la que tocaba, el era la enfermedad por la cual moría el pueblo del príncipe Próspero, los nobles no serian excepción y cayeron todos muertos.
3º texto.- Hop-Frog. ( Relatos. Pág. 63 hasta la 79 ).
Resumen.
En una corte el rey tenia a un bufón llamado Hop-Frog y a una delicada bailarina Trippetta. Eran dos enanos que se tenían mucho aprecio el uno al otro, pues los dos trabajaban para el rey y a los les humillaba públicamente.
Hop-Frog levantaba el animo de su majestad y Trippetta alegraba con sus movimientos a los ministros, eran de gran ayuda por eso su majestad tuvo a estos dos bufones durante muchos años.
Después de varios años Hop-Frog se estaba cansando de las continuas burlas y humillaciones públicas que le hacia pasar su dueño, el rey. Normalmente le hacia beber un poco, y mientras estaba borracho, pues la corte se divertía con sus movimientos y gestos, pero a él le sentaba fatal el alcohol y estaba arto de aquella situación, esto mismo se lo comento a su bailarina y ella también estuvo de acuerdo.
Un día su majestad le dijo a Hop-Frog que iba a hacer una fiesta de carnaval, con muchas máscaras y disfraces, solo iba a invitar a la nobleza y necesitaba de su ayuda para que la fiesta marchara bien.
El día de la fiesta Hop-Frog fue llamado a la cámara donde se encontraba su majestad, éste estaba con sus ministros y ellos pidieron consejo a Hop-Frog para disfrazarse de una manera innovadora y nunca vista, original.
Pero antes hicieron que Hop-Frog se emborrachara, éste como pudo les hizo unos trajes parecidos a unos simios, les gustó mucho la idea y así salieron orgullosos a la fiesta, Hop-Frog que le habían encargado animar la fiesta reunió a los ministros y al rey en el centro de la sala, les hizo hacer un circulo y los ató a todos con una cadena, los elevo como si fueran una lámpara y luego les prendió fuego a todos, murieron carbonizados, y Hop-Frog y su bailarina consiguieron librarse de su estado de casi esclavitud y dejaron de pasa calamidades y vergüenzas públicas.
4º texto.- El caso de Mr. Valdemar. ( Relatos. Pág. 21 hasta la 35 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 17- 18, punto 2; actividades: 2.1 y 2.2 )
2.1.- Como se ha señalado en la “Introducción” ( p. XXVIII ), muchos lectores contemporáneos de Poe creyendo que “ El caso de Mr. Valdemar” era un hecho verídico, lo que causó una gran conmoción entre el público y algún que otro comentario irónico del autor.
a) i b) ¿ Cómo consigue Poe transmitir esa sensación de verosimilitud ? Aduce algunos ejemplos y pasajes del texto que contribuyan a crear ese efecto de veracidad y realismo. Observa asimismo la precisión horaria con que se relatan los hechos. Menciona algunos detalles desagradables.
Poe en este texto transmite verosimilitud sobre el hecho, pues relata los momentos agónicos con muchos detalles y pequeño detalles que hacen creíble la historia.
Precisión de los hechos.
• ( Pág. 24, 3er párrafo ).
“ Su rostro tenía un tinte plomizo, no había menor brillo en sus ojos y la delgadez era tan acusada que la piel aparecía quebrada sobre los pómulos. Expectoraba en exceso. El pulso era apenas perceptible. ”
• ( Pág. 26, después del primer punto y seguido ).
“ El pulmón izquierdo llevaba 18 meses en estado semióseo o cartilaginoso y no podía desempeñar ya, desde luego, su función vital. La parte superior del derecho estaba parcial o quizá totalmente osificada, mientras que la parte inferior era sólo un amasijo de tubérculos purulentos, que incluso se solapaban entre sí. Había varias perforaciones importantes y una parte del pulmón estaba definitivamente adherida a las costillas. Estas alteraciones del lóbulo derecho eran relativamente recientes. El proceso de osificación se estaba produciendo con inusitada rapidez:... ”
• ( Pág. 28, después del primer punto y aparte ).
“ Para entonces el pulso ya era imperceptible y respiraba entre estertores a intervalos de medio minuto.
Todo siguió casi igual durante un cuarto de hora más. Pero, al cabo, del pecho del moribundo surgió un suspiro natural, aunque muy profundo, y cesaron los estertores que no volvimos a oír. No cambió el ritmo de la respiración. El paciente tenía las manos y los pies fríos como el hielo. ”
Precisión de la hora.
• ( Pág. 28 a partir del 3er párrafo ).
“A las once menos cinco advertí signos inequívocos de la influencia hipnótica”.
“Era más de media noche cuando terminé...”.
“Dejamos descansar a MR. Valdemar hasta cerca de las tres”.
c) Los visitantes son todos hombres de ciencia.
Sin embargo, ¿ cómo reaccionan ante los hechos ? ¿ Qué detalle, en particular, parece impresionar al narrador ?
• Los hombres de ciencia quedan asombrados al no poder dar una explicación coherente sobre el hecho sucedido, no le encuentran explicación y todas sus teorías se derrumban una a una. Y los intentos por sacar sangre o hacer cualquier reconocimiento médico fueron nulos.
Lo que más impresionó al narrador fue que Mr. Valdemar solo atendiera a los signos acústicos de su imnotizador y que a la demás gente la ignorara, lo que más le impresionó fue que pese a tener la lengua negra, y seca pudiera mover la lengua y intentar responder a las preguntas que le realizaba.
Creo que además de esas reacciones lo más impresionante fue que Mr. Valdemar siguiera en este estado de imnosis durante siete meses más o menos, se suponía que estaba vivo porque respondía a los estímulos acústicos, pero por otra parte estaba clínicamente muerto porque no tenia ni pulso, ni sangre, y su estado de descomposición empezaba a hacer mella en el muerto o imnotizado Mr.Valdemar.
d) El desenlace, como ocurre con frecuencia en Poe, redondea el cuento de forma estremecedora.
¿ Resulta previsible ? ¿ Qué “ efecto único ” viene a reforzar ?
• El desenlace de la obra, es previsible, en parte.
Por un lado se sabe que ha de morir y supuestamente de alguna manera espectacular para redondear el final del cuento, pero por otra parte el hecho de que se deshiciera el cuerno y quedara solo una masa de podredumbre, es una cosa inesperada aunque por otra parte lógica ya que a estado el un estado de “ semimuerto ” y la materia orgánica tiene un proceso inevitable de descomposición, el evitar la muerte de Mr. Valdemar fue contrario a una reacción orgánica y esta tenia que hacerse, y por eso se deshizo el cadáver delante de los ojos de todo el mundo.
2.2.- El progreso de la ciencia entra a veces en conflicto con el respeto a la integridad humana y roza o sobrepasa lo moralmente lícito o admisible.
b) ¿ Te parece justificable, desde un punto de vista ético, el experimento que se lleva a cabo con Mr. Valdemar ? ¿ Debe la ciencia impedir la muerte a cualquier precio ? Estableced un debate sobre la eutanasia.
El experimento llevado a cabo con Mr. Valdemar, ha sido voluntario y por voluntad propia, cada uno es libre de dirigir su destino y elegir el camino que prefiere tomar cada vez que algún hecho ha de suceder, en este caso la muerte.
Tiene derecho y es ético que Mr. Valdemar deje su cuerpo casi inerte en manos de un hipnotizador, él quiere evitar la muerte, y veo positiva esta experiencia en el campo de la ciencia. Otra cosa distinta hubiera sido si a Mr. Valdemar no le dejaran morir en paz y utilizaran hipnosis con él, si le hubieran forzado a hacerlo no hubiese tenido justificación alguna, pero fue todo ideado, pensado, realizado y con el consentimiento de Mr. Valdemar.
La ciencia no debe proteger la vida de las personas a costa de cualquier cosa, tu eres el que dirige tu destino y no un montón de intelectuales que solo ven beneficio en tu acción, tu debes ser la que dirija todo no un tercera persona, en tu vida lo más preciado que tienes eres tu misma y eso has de saber conservarlo y intentar y procurarte lo mejor para ti. Esto no es un acto de egoismo sino una idea fundamental de autoprotección.
Un tema que estuvo muy de actualidad no hace mucho, fue la eutanasia, es decir, dejar morir a alguien que padece una enfermedad terminal.
Yo personalmente veo esta practica como algo que deberia ser lícito y que a los enfermos terminales se les debería permitir dar a escoger. Ellos sufren, la muerte aunque no lo parezca, puede ser la única cosa para terminar un sufrimiento, con eso no digo que se tenga que matar a todos los enfermos terminales simplemente que sepan que hay una salida para el sufrimiento y que muchos de ellos creo que si que les gustaría tener esa posibilidad de morir y así acabar con todo su sufrimiento. También uno de los inconvenientes de la eutanasia el, ¿como saber si el paciente quiere morir?.
Creo que ese es el único impedimento que puede tener el uso de la eutanasia, es decir, si un paciente no puede expresar explícitamente el deseo de morir, su muerte no puede ser viable por su familia, es decir, si la expresión es nula, la muerte no se puede ejecutar.
Estoy a favor de la eutanasia, solo pongo una condición para establecerla legalmente, que se escuche al paciente y que dialoguen con él.
5º texto -El barril de amontillado.
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 18-19, punto 3; actividades 3.1, 3.2 y 3.3 ).
b) Montresor, el protagonista y narrador, explica desde el primer momento sus deseos de venganza.
¿ Por qué desea Montresor vengarse ? ¿ En qué consiste, para él, la verdadera venganza ? ¿ Consigue que se cumplan esos “ requisitos ” ? ¿ Llega a saber Fortunato la razón de su emparedamiento ?
• Montresor tiene ansias de venganza porque Fortunato le ha gastado una mala pasada, le ha humillado e insultado y eso es lo que empuja a Montresor cumplir una venganza contra Fortunato.
• Para Montresor la verdadera venganza consiste en que quien haya causado el mal pague por ello y no quede impune, la ironía del escudo de la supuesta propiedad de los Montresor, era el lema de Montresor ( el personaje ) ; “ Nemo me impune lacessit ”, es decir, nadie me provoca con impunidad. Montresor es un personaje muy frío y calculador.
• Los requisitos son: no llegar a levantar sospechas y conseguir cometer un crimen perfecto, y también llevar al ratón hasta la ratonera sin que él sepa exactamente porque va, simplemente por seguir sus instintos, en este caso el cebo es el amontillado. Montresor cumple todos los requisitos y se regocija en el dolor de su víctima o lo que es lo mismo, de su amigo-enemigo.
• Fortunato no llega a saber porque su supuesto amigo le hace eso, es más se evade de la realidad y piensa que todo es una broma, después se deja ir y muere por el salitre de la bodega. Para Fortunato los instintos son más fuetes que la razón y en algunas ocasiones pone en riesgo su vida con tal de probar el amontillado, es claro ejemplo de un alcoholico.
c) Poe escribió en una ocasión que “ los criminales no siempre -ni siquiera en general- reciben su castigo ”.
¿ Presenta este relato un caso de “ crimen perfecto ” ?
• Si, porque el cadáver fue descubierto más o menos medio siglo después. Cumple todo los requisitos de un crimen perfecto, aunque se podía haber desmoronado con relativa facilidad, porque la familia de Fortunato les esperanzan arriba, pero la mentira, la falta de pruebas y la misteriosa desaparición fueron los que taparon el escabroso crimen.
3.2.- El relato se plantea, indirectamente, como el enfrentamiento entre dos personajes, Montresor y Fortunato. Montresor decide vengarse de Fortunato mostrándole al tiempo su superioridad a través de constantes burlas e ironías.
a) ¿ Qué debilidad de Fortunato aprovecha Montresor ? ¿ Qué hábil recurso emplea para convencerlo ? ¿ Actúa con premeditación ?
• La debilidad que Montresor aprovecha es el acoholismo de Fortunato, su debilidad es el acohol y eso puede ser y será su perdición, porque cae de pleno en la trampa de su supuesto amigo, Montresor.
• El recurso que emplea es difícil de expresar, es como no darle importancia a que lo haga una persona u otra ( la degustación del amontillado ) , pero sabiendo que una de las dos ( en este caso a la que se lo dice, Fortunato ) esta totalmente enganchada o adicta a ese producto ( el amontillado ), así la trampa es perfecta y el gancho es un producto demasiado codiciado como para que Fortunato no caiga en la ratonera.
• Si, Montresor actúa con premeditación y sangre fría, porque la ironía de enseñarle a Fortunato la paleta que iba a utilizar para enterrarlo en vida, no era casual que apareciese en sus ropas y que los tachoso ladrillos con los cuales tapó el nicho ( ranura o bodega ) no estaban allí por algún hecho casual, Montresor es un personaje con mucha sangre fría y que cuidó asta el último detalle para que no se descubriese su crimen.
3.3.- El relato transcurre durante una noche de carnaval, fiesta que parece especialmente apropiada para enmarcarlo.
b) ¿ Por qué ?
• Porqué es una fecha donde todo el mundo bebe y un barril de amontillado es una cosa excepcional, por eso la trama es tan buena.
Forutnato también se toma a broma todo aquello y hay un momento en el que piensa que todo aquello es una broma. Los carnavales también son fechas que propician las bromas y las risas por eso Fortunato se evade de la realidad pensando el porque su supuesto amigo Montresor le hace eso y piensa que puede ser una broma, pero la realidad era más cruda, Montresor lo estaba enterrando en vida, Fortunato presenció su propio entierro y se dejo ir y murió.
c) También el espacio en que se desarrolla la acción, tan característico de Poe, resulta muy idóneo.
¿ Por qué resulta este espacio tan apropiado al relato y a qué se debe que Poe recurra tanto a este tipo de espacios ?
• Poe crea una escena siniestra, un espacio cerrado, con aire irrespirable para que la sensación de miedo y horror llegue hasta el lector, es un recurso que utiliza para que el lector intente imaginar la situación que se está viviendo en el relato.
6º texto- El pozo y el péndulo. ( Pág. 81 hasta la 106 ).
Análisis del texto. (Detrás. Pág. 23, 24 y 25; punto 6, actividades 6.2 y 6.3).
6.2.- El relato, el más largo de esta selección, presenta dos partes: en la primera, el protagonista evoca el juicio en que se le sentencia a muerte y reflexiona sobre el estado de inconsciencia en que cae; en la segunda parte se relatan los sucesivos tormentos delos que es víctima al ser encerrado en un calabozo.
Desde el primer momento el narrador nos ofrece un relato dramático distorsionado debido al estado físico en que se encuentra.
a) ¿ Con qué sentido percibe la realidad ? Observa cómo reitera una y otra vez determinado verbo. ¿ Que imagen nos ofrece de los inquisidores y del ambiente que le rodea ? ¿ Tiene alguna visión delirante ? ¿ En qué concluye para el protagonista esta escena del juicio ?
• La realidad del protagonista esta muy distorsionada, la oscuridad lo ha invadido todo y su realidad se desmorona con cada minuto que pasa, la inseguridad que provoca la oscuridad hace mella en el protagonista.
• la imagen que se nos ofrece de los inquisidores es que eran personas crueles que no pretendían matar a la gente, sino torturarla hasta llegar a la misma. Eran unas personas crueles con ansias de poder y de que nadie se revelará en contra de sus convicciones y si eso pasaba que pagara por ello, con métodos de tortura como el mostrado en este relato.
• La visión del protagonista es delirante, es distorsionada, confusa, agónica, dolorosa, pesada, triste, desconsolada, tormentosa, angustiosa, etc.
• En la pena de cárcel, la visión de unos jueces injustos que tienen en sus manos las vidas de muchos inocentes y que muchas veces se ha vertido sangre por uno de sus errores, lo que más le pesa al protagonista es ver como inocentes como él son condenados a métodos de tortura salvajes que acaban volviendo loca a la gente inocente.
b) Sigue la reflexión sobre el estado de pérdida de conocimiento o inconsciencia, que el narrador asocia con el sueño -o más bien con una pesadilla-, el subconsciente y la muerte.
Según el narrador, ¿ en qué consiste el proceso de recobrar la consciencia ?
¿ Y qué puede recordarse de este estado, que él mismo asocia con la muerte y, probablemente, con las torturas a que ha sido sometido ?
• En despertar de un profundo sopor, como si hubiera vuelto a despertarse, solo que no sabe si tiene los ojos abiertos o cerrados, porque todo es oscuro.
• En ese estado no se puede recordar casi nada, solo lo ultimo vivido fuera de esa cárcel y como puede ser tu destino; el protagonista se plantea su destino como un oscuro pozo del que nunca podrá salir, una angustia perpetua para siempre. La meditación y la reflexión sobre tus acciones pasadas también acompañan al protagonista en su agonía y en su consciente, inconsciente y subconsciente.
6.3.- En la segunda parte narra los tormentos de que es víctima en la mazmorra en que lo encierran. La absoluta oscuridad reinante, un rasgo característico del género gótico, desempeña aquí un importante papel.
a) ¿ Cómo recrea el narrador la sensación de claustrofobia y angustia ? ¿Dónde piensa que se encuentra ?
• La angustia del protagonista hace que el único sitio en el que se encuentra seguro sea en si mismo y por eso tiene pérdidas de consciencia., a veces voluntarias simplemente se siente más seguro encerrado en si mismo.
• Pero la curiosidad por saber como es de grande su celda lo lleva a intentar saber como es de grande mediante el tacto, pero su cálculo no es del todo exacto, la sensación de claustrofobia en parte le hizo levantar para ver en que extraño lugar se encontraba, después de que supuestamente supiera que se encontraba en un sitio muy grande le dio una sensación de libertad aunque después se daría cuenta de que la pequeña celda era minúscula y que si curiosidad le hubiera llevado a cruzar en diagonal hubiera muerto.
c) El deseo de combatir ese temor a lo desconocido le induce a reconocer a tientas el espacio.
¿ Pero qué horror le aguarda al hacerlo ? ¿ Mediante qué sentidos percibe su entorno ?
• Le aguarda el horror de sentirse en un sitio extraño, alo mejor también teme que sea demasiado grande el sitio, no le da seguridad y prefiere quedarse en una esquinita donde pueda intentar refugiarse del gran espacio vacío.
• Mediante el tacto, palpar la pared, también mediante el olfato sabe que esta en un sitio húmedo y por la voz podría llegar a saber las irregularidades ( el pozo ) de la celda y como era de grande, también podía haber intervenido el oído.
d) Tras ser vencido por el sueño, el protagonista despierta y se encuentra ligado a una tabla horizontal; el calabozo, ahora, está iluminado por “ un extraño brillo sulfúreo ”.
¿ Resulta necesaria la iluminación para los tormentos que se avecinan ? ¿ Qué le resulta más insoportable de la muerte por el péndulo y qué sentido inusual emplea para describir este instrumento de tortura ? ¿En algún momento siente deseos de morir ? ¿ Cómo recrea la lentitud del descenso del péndulo ?
• En parte es necesaria para conseguir hacer los movimientos exactos con tal de que el péndulo no te corte. Pero por otra parte es mejor a oscuras porque así no sabes el alcance exacto del péndulo y puedes tener más sangre fría a la hora de evitarlo.
• Lo más insoportable es que vas viendo como te viene y como se aleja y como se t clava y desclava hasta que te mueres, ves como poco a poco se va acercando más hasta que te alcanza y luego después de mal herirte se vuelve a desclavar y se va durante unos segundos, pero vuelve y esta vez te da más fuerte, mueres de una manera lenta y con un dolor insoportable, es un método de tortura de los más dolorosos y más sangrientos que yo haya escuchado y sepa de su existencia.
• Pues el péndulo al principio va lento hasta que comienza a tener cada vez más velocidad por su propio peso y se balancea más rápido, por lo tanto cada vez tarda menos segundos en volver a cortar o a hacer daño a la persona torturada.
7º texto- El corazón delator. ( Pág. 107 hasta la 115 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 26 y 28, punto 7; actividades 7.1 y 7.2 ).
7.1.- “ El corazón delator ”, una de las obras maestras de Poe, es el relato de la comisión de un asesinato. No obstante, desde el primer momento conocemos al autor del crimen, el propio narrador del cuento.
b) ¿ Qué puede haberle ocurrido al narrador tras el asesinato y a quién dirige sus palabras ? ¿ Qué piensa de su víctima ? ¿ Intenta justificar el crimen ? ¿ De qué parece defenderse?
• Lo que le ha ocurrido al narrador es que su cargo de conciencia era demasiado fuerte, y que no podía con ello, no se creía lo que había hecho y su cargo de conciencia le llevo a delatarse asimismo.
• De su víctima piensa que es un viejo, sin escrúpulos porque siempre le mira fijamente con su “ Ojo Perverso ”, a sabiendas de que al narrador le da mucho asco y le pone furioso.
• Si, intenta justificar su crimen diciendo que su ojo le provocaba, que él no lo hubiera matado pero que su ojo le provocaba, le enfurecía, le daba asco y prefirió acabar con todo, a pesar de su supuesta cordura.
• Se defiende de su crimen, no quiere que lo tomen por un loco psicópata, intenta hacer saber a todos que esta cuerdo y que el crimen lo hizo con mucha frialdad y con total consciencia, con premeditación y con saña.
c) Como ocurre en el caso de “ El gato negro ”, el narrador y protagonista del relato insiste reiteradamente en su cordura y racionalidad, a pesar del motivo que aduce para asesinar al anciano.
¿ Cuál es ese motivo ? Ejemplifica con algunas de sus frases la inteligencia y sagacidad de que alardea.
• El motivo es el desprecio por el ojo del anciano el que le aduce a provocar el asesinato.
• La ejemplificación esta entre las páginas 108 hasta la 110. Cito algunas de las frases donde alardea de sagacidad y inteligencia, además de cordura.
“ ... los pasos inteligentes que di, la cautela, la previsión el disimulo con que me puse a ello. ”
“ Os habríais reído de la pericia con que metía la cabeza: despacio, muy, muy despacio para no perturbar el sueño del anciano. ”
“ Al abrir la puerta la octava noche fui todavía más precavido. El minutero de un reloj se mueve más rápido de lo que entonces se movió mi mano. Nunca antes había sentido el alcance de mi propio poder, de mi sagacidad. Apenas podía contener una sensación de triunfo:... ”
d) ¿ Cómo se deshace del cadáver tras cometer el asesinato y en qué coincide con el protagonista de “ El gato negro ” ?
• El narrador se deshace del cadáver troceándolo ( separando la cabeza del cuerpo, también troceando sus extremidades, tanto las superiores como las inferiores ) y después oculta los restos del cadáver bajo el entablado, debajo de las tablas de madera del suelo, no deja pruebas, ningún rastro, todo queda limpio y como si no hubiera pasado nada.
• Coincide con “ El gato negro ” las siguientes cosas: los dos les falta un ojo ( bien por visión, bien por que alguien se lo arranco ), los dos les pone furioso o les da asco ese defecto en el ojo de sus víctimas, los dos acaban asesinando a sus víctimas, las asesinan de una manera cruel y por lo tanto sufren a la hora de la muerte, los dos siempre dicen que están cuerdos, los dos intentan justificar su crimen, a los dos les pillan y les ajustician.
e) Las coincidencias, sin embargo, no acaban ahí.
¿ Cómo se comporta cuando llega la policía y qué le induce a ello ?
• Cuando llega la policía el protagonista y narrador se comporta de una manera amable, no se turba ante la presencia de los agentes del orden, les invita a sentarse y evadirse un poco de los problemas de comisaría, pero su cargo de conciencia no le deja vivir y escucha en su cabeza una y otra vez el corazón del viejo antes de que se parara para siempre, eso le hizo delatarse, pero sino se hubiera delatado creo que hubiera sido un crimen perfecto porque nadie sospechaba nada.
7.2.- El narrador consigue crear una atmósfera inquietante, avivando el suspense mediante un relato lento que con frecuencia pone de relieve la hipersensibilidad del protagonista.
c) ¿ En qué ambiente transcurre todo el relato ? ¿ Qué contrastes de luz y movimientos se producen ?
• En un lugar oscuro, tenebroso, sin luz, apagado, fusco, lóbrego, tenebroso, opaco, sombrío, confuso, etc. Transcurre todo el la habitación del viejo.
• El único movimiento de luz era el que el protagonista dejaba pasar hacia el ojo del viejo y el de la linterna del mismo.
8º texto - La caída de la casa de los Usher. ( Pág. 117 hasta la 146 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág.28 y 29, punto 8; actividad 8.1 ).
8.1.- El protagonismo que en este cuento cobra la mansión de los Usher y su entorno, patente ya en el propio título, se evidencia desde las primeras líneas del relato, donde se establece el tono y la atmósfera de la historia.
a) ¿ Qué rasgos caracterizan la casa y su entorno ? ¿ Cómo afectan al narrador ?
• El entorno era desolador un paraje donde la vida y la alegría no tenían cabida, simplemente tristeza desolación, todo oscuro, melancólico, sin vida inerte.
• Afecta a su estado de animo, le hace tener un sentimiento de tristeza que le invade, una tristeza muy profunda de la cual no se puede desprender y le provoca malestar.
b) ¿ Está la casa en ruinas ? ¿ Sobre qué detalle de la mansión de los Usher repara el narrador? ¿ Qué aspecto ofrece el interior de la casa ?
• La casa no estaba en ruinas, solo era vieja y su color se había apagado un poco, tenia alguna que otra grieta, pero por lo demás seguía erguida y majestuosa, dando sensación de tristeza y soledad.
• El interior de la casa está en penumbra, los tapices que cuelgan de las paredes son oscuros, la luz es escasa y algo peculiar, había un montón de armas colgadas en orden en la pared, todo esto aunque extraño al protagonista le resultaba familiar.
c) El anónimo narrador acude a la casa de los Usher tras recibir una desesperada invitación de su amigo de la infancia Roderick.
¿ Qué le sucede al propietario de la casa ? ¿ Por qué rasgo se ha conocido a los Usher desde tiempo inmemorial ? ¿ Qué similitudes descubre el narrador entre la casa y sus moradores ?
• El propietario de la casa aludía en la carta una grave enfermedad, a una perturbación mental que le agobiaba, y a un deseo sincero de ver al protagonista, porque buscar compañía le parecía la solución para todos sus males.
• Su familia se caracteriza por tener un carácter de sensibilidad poco común, que durante años y años se había plasmado en muchas obras artísticas de gran calidad y, últimamente, en repetidos gestos caritativos, generosos pero discretos, además de un devoción apasionada por las sutilezas técnicas de la música, más incluso que por la belleza ortodoxa y fácil de las otras artes. También conocía el protagonista, el hecho tan sorprendente, de la incapacidad del linaje de los Usher, a pesar de su antigüedad, para engendrar una estirpe perdurable: en otras palabras, que toda la familia descendía en línea directa y así había sido siempre con excepciones insignificantes y poco duraderas.
• La concordancia del lugar con sus moradores, es decir que ellos también eran austeros, tristes, y sin vida, todo casi inerte, sin alegría, ni color.
d) Otro gran protagonista del relato es Rodrick Usher un personaje con una compleja personalidad.
¿ Cuáles son sus rasgos físicos ? ¿ Qué nos dicen esos rasgos sobre su personalidad ? ¿ Que enfermedad padece y que ideas le obsesionan ? ¿ Qué características comparte Usher con el protagonista de“ El corazón delator ”?
• Usher tenía la tez cenicienta, ojos grandes, acuosos y encendidos, labios algo delgados y muy pálidos, pero con perfiles de inusitada belleza, nariz de delicado aire hebreo, aunque con aletas de anchura poco corriente, cabello más suave y fino que la tela de un araña y unas entradas demasiado marcadas.
• La barbilla finamente modelada, cuya escasa prominencia era indicio también de un carácter poco resuelto, es decir con poca personalidad.
• Su enfermedad: se trataba de un mal congénito y hereditario, sobre cuya cura no guardaba esperanza, una mera alteración nerviosa. Se manifestaba en un sinfín de sensaciones extrañas. Lo que él padecía era un terror anómalo.
• La relación que guarda con “ El corazón delator ” es la penumbra en la que se encuentra siempre y la edad que tiene.
g) El aparente fallecimiento de lady Madeline induce a su hermano a enterrarla en una antigua cripta de la casa.
¿ Por qué razón ?
• Por la naturaleza poco corriente de la enfermedad de la difunta y ciertas preguntas raras y molestas de sus médicos, así como la propia situación del cementerio familiar, distante y desprotegido.
Voluntario, biografía del autor.
Poe, Edgar Allan (1809-1849), escritor, poeta y crítico estadounidense, más conocido como el primer maestro del relato corto, en especial de terror y misterio.
Nació en Boston el 19 de enero de 1809. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron siendo él niño, y fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia), que probablemente fue su padrino. A los seis años viajó con la familia Allan a Inglaterra donde ingresó en un internado privado. Después de regresar a Estados Unidos en 1820 siguió estudiando en centros privados y asistió a la universidad de Virginia durante un año, pero en 1827 su padre adoptivo, disgustado por la afición del joven a la bebida y al juego, se negó a pagar sus deudas y le obligó a trabajar como empleado.
Contrariando la voluntad de Allan, Poe abandonó su nuevo trabajo, que detestaba, y viajó a Boston donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas (1827). Poco después se alistó en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y se reconcilió con Allan, que le consiguió un cargo en la Academia militar, pero a los pocos meses fue despedido por negligencia en el deber; su padre adoptivo le repudió para siempre.
Al año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), se trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento 'Manuscrito encontrado en una botella' ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger. En 1836 se casó con su joven sobrina y durante la década siguiente, gran parte de la cual fue desgraciada a causa de la larga enfermedad de Virginia, Poe trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. En 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo; su desastrosa adicción al alcohol y su supuesto consumo de drogas, atestiguado por sus contemporáneos, pudo contribuir a su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.
1º texto.- El gato negro. ( Relatos. Pág. 3 hasta la 19 ).
Resumen.
La historia trata un suceso sin decir como se llaman los personajes; el relato narra como un personaje, tiene pasión por los animales, y su ultima adquisición después de casarse a sido un gato.
Un día que venia bebido cogió al gato y como no le gustaba su forma de mirarle le arranco un ojo, después se arrepintió, pero el gato se quedo sin uno de sus globos oculares. Poco después decidió acabar con el sufrimiento del pobre gato y lo ahorco en un árbol, cuando fue de camino a su casa una gran concentración de curiosos estaba delante de ella, la casa estaba ardiendo.
Después del pavoroso incendio, solo quedaron un par de tabiques en pie, todo lo demás fue totalmente calcinado, siniestro total, pero sin vidas humanas de por medio, este señor fue a ver lo que quedaba de su casa y entre ello vio un tabique que le llamo la atención, era el único que permanecía casi intacto, se fijo, y pudo distinguir entre las formas de la pared una silueta de un gato...
Después de un tiempo, su situación volvió a ser relativamente normal, tenia casa, mujer, proyectos de futuro, etc., pero un día yendo de copas en un bar encontró a un gato y decidió adoptarlo, se lo llevo a casa.
Él notaba que el gato le miraba mal, que solo se fiaba de su mujer, que a él no le daba muestras de afecto, ni le seguía, ni le hacia caso. Un día que había bebido llego a casa ebrio y decidió matar al gato, cogió una hacha se la hecho a la espalda y mato a su mujer, ella se había puesto detrás para ver lo que iba hacer y ella fue quien recibió el hachazo, la mato de un golpe.
Éste viendo el panorama, decidió hacer un agujero en la pared, metió el cadáver y lo tapó como si la pared estuviera intacta, siguió con su propósito de matar al gato, no lo encontró.
Poco tiempo después la gente sospechaba de la extraña desaparición de su vecina, y la policía le incriminaba como principal sospechoso.
Un día los agentes del orden fueron a su casa a hacer una inspección no encontraron nada, pero se empezaron a oír maullidos desde el sótano, los agentes se guiaron por ellos y resultaron estar detrás de la pared, la tiraron y vieron que allí había un gato maullando y una mujer muerta.
2º texto.- La máscara de la muerte roja. ( Relatos. Pág. 49 hasta la 61 ).
Resumen.
Hace muchos años un noble príncipe llamado Próspero, vio como su pueblo moría, pero no de muerte natural sino por una enfermedad, esté decidió encerrarse en su castillo y hacer una fiesta con la gente noble y sana de su reino, allí vivirían, comerían, crecerían, morirían, y con todo tipo de lujos.
La fiesta resultó coincidir con los carnavales y decidió hacer una fiesta de bienvenida decorando los salones cada uno de un color y un tema distinto.
Una vez empezó la fiesta el príncipe pudo ver como cada sala tenia un ambiente distinto, cada cual más bonito y alegre, se paseo por todos sus salones y pudo observar los trajes maravillosos de las doncellas y de los caballeros, todos eran bonitos y espectaculares, hasta que en uno de los salones se cruzo con un espectro que primero le estremeció y le encontró repulsivo, encendido de rabia y dio mando quitar la careta al bufón, pero este empezó a dar vueltas por la sala, matando así a toda la gente a la que tocaba, el era la enfermedad por la cual moría el pueblo del príncipe Próspero, los nobles no serian excepción y cayeron todos muertos.
3º texto.- Hop-Frog. ( Relatos. Pág. 63 hasta la 79 ).
Resumen.
En una corte el rey tenia a un bufón llamado Hop-Frog y a una delicada bailarina Trippetta. Eran dos enanos que se tenían mucho aprecio el uno al otro, pues los dos trabajaban para el rey y a los les humillaba públicamente.
Hop-Frog levantaba el animo de su majestad y Trippetta alegraba con sus movimientos a los ministros, eran de gran ayuda por eso su majestad tuvo a estos dos bufones durante muchos años.
Después de varios años Hop-Frog se estaba cansando de las continuas burlas y humillaciones públicas que le hacia pasar su dueño, el rey. Normalmente le hacia beber un poco, y mientras estaba borracho, pues la corte se divertía con sus movimientos y gestos, pero a él le sentaba fatal el alcohol y estaba arto de aquella situación, esto mismo se lo comento a su bailarina y ella también estuvo de acuerdo.
Un día su majestad le dijo a Hop-Frog que iba a hacer una fiesta de carnaval, con muchas máscaras y disfraces, solo iba a invitar a la nobleza y necesitaba de su ayuda para que la fiesta marchara bien.
El día de la fiesta Hop-Frog fue llamado a la cámara donde se encontraba su majestad, éste estaba con sus ministros y ellos pidieron consejo a Hop-Frog para disfrazarse de una manera innovadora y nunca vista, original.
Pero antes hicieron que Hop-Frog se emborrachara, éste como pudo les hizo unos trajes parecidos a unos simios, les gustó mucho la idea y así salieron orgullosos a la fiesta, Hop-Frog que le habían encargado animar la fiesta reunió a los ministros y al rey en el centro de la sala, les hizo hacer un circulo y los ató a todos con una cadena, los elevo como si fueran una lámpara y luego les prendió fuego a todos, murieron carbonizados, y Hop-Frog y su bailarina consiguieron librarse de su estado de casi esclavitud y dejaron de pasa calamidades y vergüenzas públicas.
4º texto.- El caso de Mr. Valdemar. ( Relatos. Pág. 21 hasta la 35 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 17- 18, punto 2; actividades: 2.1 y 2.2 )
2.1.- Como se ha señalado en la “Introducción” ( p. XXVIII ), muchos lectores contemporáneos de Poe creyendo que “ El caso de Mr. Valdemar” era un hecho verídico, lo que causó una gran conmoción entre el público y algún que otro comentario irónico del autor.
a) i b) ¿ Cómo consigue Poe transmitir esa sensación de verosimilitud ? Aduce algunos ejemplos y pasajes del texto que contribuyan a crear ese efecto de veracidad y realismo. Observa asimismo la precisión horaria con que se relatan los hechos. Menciona algunos detalles desagradables.
Poe en este texto transmite verosimilitud sobre el hecho, pues relata los momentos agónicos con muchos detalles y pequeño detalles que hacen creíble la historia.
Precisión de los hechos.
• ( Pág. 24, 3er párrafo ).
“ Su rostro tenía un tinte plomizo, no había menor brillo en sus ojos y la delgadez era tan acusada que la piel aparecía quebrada sobre los pómulos. Expectoraba en exceso. El pulso era apenas perceptible. ”
• ( Pág. 26, después del primer punto y seguido ).
“ El pulmón izquierdo llevaba 18 meses en estado semióseo o cartilaginoso y no podía desempeñar ya, desde luego, su función vital. La parte superior del derecho estaba parcial o quizá totalmente osificada, mientras que la parte inferior era sólo un amasijo de tubérculos purulentos, que incluso se solapaban entre sí. Había varias perforaciones importantes y una parte del pulmón estaba definitivamente adherida a las costillas. Estas alteraciones del lóbulo derecho eran relativamente recientes. El proceso de osificación se estaba produciendo con inusitada rapidez:... ”
• ( Pág. 28, después del primer punto y aparte ).
“ Para entonces el pulso ya era imperceptible y respiraba entre estertores a intervalos de medio minuto.
Todo siguió casi igual durante un cuarto de hora más. Pero, al cabo, del pecho del moribundo surgió un suspiro natural, aunque muy profundo, y cesaron los estertores que no volvimos a oír. No cambió el ritmo de la respiración. El paciente tenía las manos y los pies fríos como el hielo. ”
Precisión de la hora.
• ( Pág. 28 a partir del 3er párrafo ).
“A las once menos cinco advertí signos inequívocos de la influencia hipnótica”.
“Era más de media noche cuando terminé...”.
“Dejamos descansar a MR. Valdemar hasta cerca de las tres”.
c) Los visitantes son todos hombres de ciencia.
Sin embargo, ¿ cómo reaccionan ante los hechos ? ¿ Qué detalle, en particular, parece impresionar al narrador ?
• Los hombres de ciencia quedan asombrados al no poder dar una explicación coherente sobre el hecho sucedido, no le encuentran explicación y todas sus teorías se derrumban una a una. Y los intentos por sacar sangre o hacer cualquier reconocimiento médico fueron nulos.
Lo que más impresionó al narrador fue que Mr. Valdemar solo atendiera a los signos acústicos de su imnotizador y que a la demás gente la ignorara, lo que más le impresionó fue que pese a tener la lengua negra, y seca pudiera mover la lengua y intentar responder a las preguntas que le realizaba.
Creo que además de esas reacciones lo más impresionante fue que Mr. Valdemar siguiera en este estado de imnosis durante siete meses más o menos, se suponía que estaba vivo porque respondía a los estímulos acústicos, pero por otra parte estaba clínicamente muerto porque no tenia ni pulso, ni sangre, y su estado de descomposición empezaba a hacer mella en el muerto o imnotizado Mr.Valdemar.
d) El desenlace, como ocurre con frecuencia en Poe, redondea el cuento de forma estremecedora.
¿ Resulta previsible ? ¿ Qué “ efecto único ” viene a reforzar ?
• El desenlace de la obra, es previsible, en parte.
Por un lado se sabe que ha de morir y supuestamente de alguna manera espectacular para redondear el final del cuento, pero por otra parte el hecho de que se deshiciera el cuerno y quedara solo una masa de podredumbre, es una cosa inesperada aunque por otra parte lógica ya que a estado el un estado de “ semimuerto ” y la materia orgánica tiene un proceso inevitable de descomposición, el evitar la muerte de Mr. Valdemar fue contrario a una reacción orgánica y esta tenia que hacerse, y por eso se deshizo el cadáver delante de los ojos de todo el mundo.
2.2.- El progreso de la ciencia entra a veces en conflicto con el respeto a la integridad humana y roza o sobrepasa lo moralmente lícito o admisible.
b) ¿ Te parece justificable, desde un punto de vista ético, el experimento que se lleva a cabo con Mr. Valdemar ? ¿ Debe la ciencia impedir la muerte a cualquier precio ? Estableced un debate sobre la eutanasia.
El experimento llevado a cabo con Mr. Valdemar, ha sido voluntario y por voluntad propia, cada uno es libre de dirigir su destino y elegir el camino que prefiere tomar cada vez que algún hecho ha de suceder, en este caso la muerte.
Tiene derecho y es ético que Mr. Valdemar deje su cuerpo casi inerte en manos de un hipnotizador, él quiere evitar la muerte, y veo positiva esta experiencia en el campo de la ciencia. Otra cosa distinta hubiera sido si a Mr. Valdemar no le dejaran morir en paz y utilizaran hipnosis con él, si le hubieran forzado a hacerlo no hubiese tenido justificación alguna, pero fue todo ideado, pensado, realizado y con el consentimiento de Mr. Valdemar.
La ciencia no debe proteger la vida de las personas a costa de cualquier cosa, tu eres el que dirige tu destino y no un montón de intelectuales que solo ven beneficio en tu acción, tu debes ser la que dirija todo no un tercera persona, en tu vida lo más preciado que tienes eres tu misma y eso has de saber conservarlo y intentar y procurarte lo mejor para ti. Esto no es un acto de egoismo sino una idea fundamental de autoprotección.
Un tema que estuvo muy de actualidad no hace mucho, fue la eutanasia, es decir, dejar morir a alguien que padece una enfermedad terminal.
Yo personalmente veo esta practica como algo que deberia ser lícito y que a los enfermos terminales se les debería permitir dar a escoger. Ellos sufren, la muerte aunque no lo parezca, puede ser la única cosa para terminar un sufrimiento, con eso no digo que se tenga que matar a todos los enfermos terminales simplemente que sepan que hay una salida para el sufrimiento y que muchos de ellos creo que si que les gustaría tener esa posibilidad de morir y así acabar con todo su sufrimiento. También uno de los inconvenientes de la eutanasia el, ¿como saber si el paciente quiere morir?.
Creo que ese es el único impedimento que puede tener el uso de la eutanasia, es decir, si un paciente no puede expresar explícitamente el deseo de morir, su muerte no puede ser viable por su familia, es decir, si la expresión es nula, la muerte no se puede ejecutar.
Estoy a favor de la eutanasia, solo pongo una condición para establecerla legalmente, que se escuche al paciente y que dialoguen con él.
5º texto -El barril de amontillado.
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 18-19, punto 3; actividades 3.1, 3.2 y 3.3 ).
b) Montresor, el protagonista y narrador, explica desde el primer momento sus deseos de venganza.
¿ Por qué desea Montresor vengarse ? ¿ En qué consiste, para él, la verdadera venganza ? ¿ Consigue que se cumplan esos “ requisitos ” ? ¿ Llega a saber Fortunato la razón de su emparedamiento ?
• Montresor tiene ansias de venganza porque Fortunato le ha gastado una mala pasada, le ha humillado e insultado y eso es lo que empuja a Montresor cumplir una venganza contra Fortunato.
• Para Montresor la verdadera venganza consiste en que quien haya causado el mal pague por ello y no quede impune, la ironía del escudo de la supuesta propiedad de los Montresor, era el lema de Montresor ( el personaje ) ; “ Nemo me impune lacessit ”, es decir, nadie me provoca con impunidad. Montresor es un personaje muy frío y calculador.
• Los requisitos son: no llegar a levantar sospechas y conseguir cometer un crimen perfecto, y también llevar al ratón hasta la ratonera sin que él sepa exactamente porque va, simplemente por seguir sus instintos, en este caso el cebo es el amontillado. Montresor cumple todos los requisitos y se regocija en el dolor de su víctima o lo que es lo mismo, de su amigo-enemigo.
• Fortunato no llega a saber porque su supuesto amigo le hace eso, es más se evade de la realidad y piensa que todo es una broma, después se deja ir y muere por el salitre de la bodega. Para Fortunato los instintos son más fuetes que la razón y en algunas ocasiones pone en riesgo su vida con tal de probar el amontillado, es claro ejemplo de un alcoholico.
c) Poe escribió en una ocasión que “ los criminales no siempre -ni siquiera en general- reciben su castigo ”.
¿ Presenta este relato un caso de “ crimen perfecto ” ?
• Si, porque el cadáver fue descubierto más o menos medio siglo después. Cumple todo los requisitos de un crimen perfecto, aunque se podía haber desmoronado con relativa facilidad, porque la familia de Fortunato les esperanzan arriba, pero la mentira, la falta de pruebas y la misteriosa desaparición fueron los que taparon el escabroso crimen.
3.2.- El relato se plantea, indirectamente, como el enfrentamiento entre dos personajes, Montresor y Fortunato. Montresor decide vengarse de Fortunato mostrándole al tiempo su superioridad a través de constantes burlas e ironías.
a) ¿ Qué debilidad de Fortunato aprovecha Montresor ? ¿ Qué hábil recurso emplea para convencerlo ? ¿ Actúa con premeditación ?
• La debilidad que Montresor aprovecha es el acoholismo de Fortunato, su debilidad es el acohol y eso puede ser y será su perdición, porque cae de pleno en la trampa de su supuesto amigo, Montresor.
• El recurso que emplea es difícil de expresar, es como no darle importancia a que lo haga una persona u otra ( la degustación del amontillado ) , pero sabiendo que una de las dos ( en este caso a la que se lo dice, Fortunato ) esta totalmente enganchada o adicta a ese producto ( el amontillado ), así la trampa es perfecta y el gancho es un producto demasiado codiciado como para que Fortunato no caiga en la ratonera.
• Si, Montresor actúa con premeditación y sangre fría, porque la ironía de enseñarle a Fortunato la paleta que iba a utilizar para enterrarlo en vida, no era casual que apareciese en sus ropas y que los tachoso ladrillos con los cuales tapó el nicho ( ranura o bodega ) no estaban allí por algún hecho casual, Montresor es un personaje con mucha sangre fría y que cuidó asta el último detalle para que no se descubriese su crimen.
3.3.- El relato transcurre durante una noche de carnaval, fiesta que parece especialmente apropiada para enmarcarlo.
b) ¿ Por qué ?
• Porqué es una fecha donde todo el mundo bebe y un barril de amontillado es una cosa excepcional, por eso la trama es tan buena.
Forutnato también se toma a broma todo aquello y hay un momento en el que piensa que todo aquello es una broma. Los carnavales también son fechas que propician las bromas y las risas por eso Fortunato se evade de la realidad pensando el porque su supuesto amigo Montresor le hace eso y piensa que puede ser una broma, pero la realidad era más cruda, Montresor lo estaba enterrando en vida, Fortunato presenció su propio entierro y se dejo ir y murió.
c) También el espacio en que se desarrolla la acción, tan característico de Poe, resulta muy idóneo.
¿ Por qué resulta este espacio tan apropiado al relato y a qué se debe que Poe recurra tanto a este tipo de espacios ?
• Poe crea una escena siniestra, un espacio cerrado, con aire irrespirable para que la sensación de miedo y horror llegue hasta el lector, es un recurso que utiliza para que el lector intente imaginar la situación que se está viviendo en el relato.
6º texto- El pozo y el péndulo. ( Pág. 81 hasta la 106 ).
Análisis del texto. (Detrás. Pág. 23, 24 y 25; punto 6, actividades 6.2 y 6.3).
6.2.- El relato, el más largo de esta selección, presenta dos partes: en la primera, el protagonista evoca el juicio en que se le sentencia a muerte y reflexiona sobre el estado de inconsciencia en que cae; en la segunda parte se relatan los sucesivos tormentos delos que es víctima al ser encerrado en un calabozo.
Desde el primer momento el narrador nos ofrece un relato dramático distorsionado debido al estado físico en que se encuentra.
a) ¿ Con qué sentido percibe la realidad ? Observa cómo reitera una y otra vez determinado verbo. ¿ Que imagen nos ofrece de los inquisidores y del ambiente que le rodea ? ¿ Tiene alguna visión delirante ? ¿ En qué concluye para el protagonista esta escena del juicio ?
• La realidad del protagonista esta muy distorsionada, la oscuridad lo ha invadido todo y su realidad se desmorona con cada minuto que pasa, la inseguridad que provoca la oscuridad hace mella en el protagonista.
• la imagen que se nos ofrece de los inquisidores es que eran personas crueles que no pretendían matar a la gente, sino torturarla hasta llegar a la misma. Eran unas personas crueles con ansias de poder y de que nadie se revelará en contra de sus convicciones y si eso pasaba que pagara por ello, con métodos de tortura como el mostrado en este relato.
• La visión del protagonista es delirante, es distorsionada, confusa, agónica, dolorosa, pesada, triste, desconsolada, tormentosa, angustiosa, etc.
• En la pena de cárcel, la visión de unos jueces injustos que tienen en sus manos las vidas de muchos inocentes y que muchas veces se ha vertido sangre por uno de sus errores, lo que más le pesa al protagonista es ver como inocentes como él son condenados a métodos de tortura salvajes que acaban volviendo loca a la gente inocente.
b) Sigue la reflexión sobre el estado de pérdida de conocimiento o inconsciencia, que el narrador asocia con el sueño -o más bien con una pesadilla-, el subconsciente y la muerte.
Según el narrador, ¿ en qué consiste el proceso de recobrar la consciencia ?
¿ Y qué puede recordarse de este estado, que él mismo asocia con la muerte y, probablemente, con las torturas a que ha sido sometido ?
• En despertar de un profundo sopor, como si hubiera vuelto a despertarse, solo que no sabe si tiene los ojos abiertos o cerrados, porque todo es oscuro.
• En ese estado no se puede recordar casi nada, solo lo ultimo vivido fuera de esa cárcel y como puede ser tu destino; el protagonista se plantea su destino como un oscuro pozo del que nunca podrá salir, una angustia perpetua para siempre. La meditación y la reflexión sobre tus acciones pasadas también acompañan al protagonista en su agonía y en su consciente, inconsciente y subconsciente.
6.3.- En la segunda parte narra los tormentos de que es víctima en la mazmorra en que lo encierran. La absoluta oscuridad reinante, un rasgo característico del género gótico, desempeña aquí un importante papel.
a) ¿ Cómo recrea el narrador la sensación de claustrofobia y angustia ? ¿Dónde piensa que se encuentra ?
• La angustia del protagonista hace que el único sitio en el que se encuentra seguro sea en si mismo y por eso tiene pérdidas de consciencia., a veces voluntarias simplemente se siente más seguro encerrado en si mismo.
• Pero la curiosidad por saber como es de grande su celda lo lleva a intentar saber como es de grande mediante el tacto, pero su cálculo no es del todo exacto, la sensación de claustrofobia en parte le hizo levantar para ver en que extraño lugar se encontraba, después de que supuestamente supiera que se encontraba en un sitio muy grande le dio una sensación de libertad aunque después se daría cuenta de que la pequeña celda era minúscula y que si curiosidad le hubiera llevado a cruzar en diagonal hubiera muerto.
c) El deseo de combatir ese temor a lo desconocido le induce a reconocer a tientas el espacio.
¿ Pero qué horror le aguarda al hacerlo ? ¿ Mediante qué sentidos percibe su entorno ?
• Le aguarda el horror de sentirse en un sitio extraño, alo mejor también teme que sea demasiado grande el sitio, no le da seguridad y prefiere quedarse en una esquinita donde pueda intentar refugiarse del gran espacio vacío.
• Mediante el tacto, palpar la pared, también mediante el olfato sabe que esta en un sitio húmedo y por la voz podría llegar a saber las irregularidades ( el pozo ) de la celda y como era de grande, también podía haber intervenido el oído.
d) Tras ser vencido por el sueño, el protagonista despierta y se encuentra ligado a una tabla horizontal; el calabozo, ahora, está iluminado por “ un extraño brillo sulfúreo ”.
¿ Resulta necesaria la iluminación para los tormentos que se avecinan ? ¿ Qué le resulta más insoportable de la muerte por el péndulo y qué sentido inusual emplea para describir este instrumento de tortura ? ¿En algún momento siente deseos de morir ? ¿ Cómo recrea la lentitud del descenso del péndulo ?
• En parte es necesaria para conseguir hacer los movimientos exactos con tal de que el péndulo no te corte. Pero por otra parte es mejor a oscuras porque así no sabes el alcance exacto del péndulo y puedes tener más sangre fría a la hora de evitarlo.
• Lo más insoportable es que vas viendo como te viene y como se aleja y como se t clava y desclava hasta que te mueres, ves como poco a poco se va acercando más hasta que te alcanza y luego después de mal herirte se vuelve a desclavar y se va durante unos segundos, pero vuelve y esta vez te da más fuerte, mueres de una manera lenta y con un dolor insoportable, es un método de tortura de los más dolorosos y más sangrientos que yo haya escuchado y sepa de su existencia.
• Pues el péndulo al principio va lento hasta que comienza a tener cada vez más velocidad por su propio peso y se balancea más rápido, por lo tanto cada vez tarda menos segundos en volver a cortar o a hacer daño a la persona torturada.
7º texto- El corazón delator. ( Pág. 107 hasta la 115 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág. 26 y 28, punto 7; actividades 7.1 y 7.2 ).
7.1.- “ El corazón delator ”, una de las obras maestras de Poe, es el relato de la comisión de un asesinato. No obstante, desde el primer momento conocemos al autor del crimen, el propio narrador del cuento.
b) ¿ Qué puede haberle ocurrido al narrador tras el asesinato y a quién dirige sus palabras ? ¿ Qué piensa de su víctima ? ¿ Intenta justificar el crimen ? ¿ De qué parece defenderse?
• Lo que le ha ocurrido al narrador es que su cargo de conciencia era demasiado fuerte, y que no podía con ello, no se creía lo que había hecho y su cargo de conciencia le llevo a delatarse asimismo.
• De su víctima piensa que es un viejo, sin escrúpulos porque siempre le mira fijamente con su “ Ojo Perverso ”, a sabiendas de que al narrador le da mucho asco y le pone furioso.
• Si, intenta justificar su crimen diciendo que su ojo le provocaba, que él no lo hubiera matado pero que su ojo le provocaba, le enfurecía, le daba asco y prefirió acabar con todo, a pesar de su supuesta cordura.
• Se defiende de su crimen, no quiere que lo tomen por un loco psicópata, intenta hacer saber a todos que esta cuerdo y que el crimen lo hizo con mucha frialdad y con total consciencia, con premeditación y con saña.
c) Como ocurre en el caso de “ El gato negro ”, el narrador y protagonista del relato insiste reiteradamente en su cordura y racionalidad, a pesar del motivo que aduce para asesinar al anciano.
¿ Cuál es ese motivo ? Ejemplifica con algunas de sus frases la inteligencia y sagacidad de que alardea.
• El motivo es el desprecio por el ojo del anciano el que le aduce a provocar el asesinato.
• La ejemplificación esta entre las páginas 108 hasta la 110. Cito algunas de las frases donde alardea de sagacidad y inteligencia, además de cordura.
“ ... los pasos inteligentes que di, la cautela, la previsión el disimulo con que me puse a ello. ”
“ Os habríais reído de la pericia con que metía la cabeza: despacio, muy, muy despacio para no perturbar el sueño del anciano. ”
“ Al abrir la puerta la octava noche fui todavía más precavido. El minutero de un reloj se mueve más rápido de lo que entonces se movió mi mano. Nunca antes había sentido el alcance de mi propio poder, de mi sagacidad. Apenas podía contener una sensación de triunfo:... ”
d) ¿ Cómo se deshace del cadáver tras cometer el asesinato y en qué coincide con el protagonista de “ El gato negro ” ?
• El narrador se deshace del cadáver troceándolo ( separando la cabeza del cuerpo, también troceando sus extremidades, tanto las superiores como las inferiores ) y después oculta los restos del cadáver bajo el entablado, debajo de las tablas de madera del suelo, no deja pruebas, ningún rastro, todo queda limpio y como si no hubiera pasado nada.
• Coincide con “ El gato negro ” las siguientes cosas: los dos les falta un ojo ( bien por visión, bien por que alguien se lo arranco ), los dos les pone furioso o les da asco ese defecto en el ojo de sus víctimas, los dos acaban asesinando a sus víctimas, las asesinan de una manera cruel y por lo tanto sufren a la hora de la muerte, los dos siempre dicen que están cuerdos, los dos intentan justificar su crimen, a los dos les pillan y les ajustician.
e) Las coincidencias, sin embargo, no acaban ahí.
¿ Cómo se comporta cuando llega la policía y qué le induce a ello ?
• Cuando llega la policía el protagonista y narrador se comporta de una manera amable, no se turba ante la presencia de los agentes del orden, les invita a sentarse y evadirse un poco de los problemas de comisaría, pero su cargo de conciencia no le deja vivir y escucha en su cabeza una y otra vez el corazón del viejo antes de que se parara para siempre, eso le hizo delatarse, pero sino se hubiera delatado creo que hubiera sido un crimen perfecto porque nadie sospechaba nada.
7.2.- El narrador consigue crear una atmósfera inquietante, avivando el suspense mediante un relato lento que con frecuencia pone de relieve la hipersensibilidad del protagonista.
c) ¿ En qué ambiente transcurre todo el relato ? ¿ Qué contrastes de luz y movimientos se producen ?
• En un lugar oscuro, tenebroso, sin luz, apagado, fusco, lóbrego, tenebroso, opaco, sombrío, confuso, etc. Transcurre todo el la habitación del viejo.
• El único movimiento de luz era el que el protagonista dejaba pasar hacia el ojo del viejo y el de la linterna del mismo.
8º texto - La caída de la casa de los Usher. ( Pág. 117 hasta la 146 ).
Análisis literario. ( Detrás. Pág.28 y 29, punto 8; actividad 8.1 ).
8.1.- El protagonismo que en este cuento cobra la mansión de los Usher y su entorno, patente ya en el propio título, se evidencia desde las primeras líneas del relato, donde se establece el tono y la atmósfera de la historia.
a) ¿ Qué rasgos caracterizan la casa y su entorno ? ¿ Cómo afectan al narrador ?
• El entorno era desolador un paraje donde la vida y la alegría no tenían cabida, simplemente tristeza desolación, todo oscuro, melancólico, sin vida inerte.
• Afecta a su estado de animo, le hace tener un sentimiento de tristeza que le invade, una tristeza muy profunda de la cual no se puede desprender y le provoca malestar.
b) ¿ Está la casa en ruinas ? ¿ Sobre qué detalle de la mansión de los Usher repara el narrador? ¿ Qué aspecto ofrece el interior de la casa ?
• La casa no estaba en ruinas, solo era vieja y su color se había apagado un poco, tenia alguna que otra grieta, pero por lo demás seguía erguida y majestuosa, dando sensación de tristeza y soledad.
• El interior de la casa está en penumbra, los tapices que cuelgan de las paredes son oscuros, la luz es escasa y algo peculiar, había un montón de armas colgadas en orden en la pared, todo esto aunque extraño al protagonista le resultaba familiar.
c) El anónimo narrador acude a la casa de los Usher tras recibir una desesperada invitación de su amigo de la infancia Roderick.
¿ Qué le sucede al propietario de la casa ? ¿ Por qué rasgo se ha conocido a los Usher desde tiempo inmemorial ? ¿ Qué similitudes descubre el narrador entre la casa y sus moradores ?
• El propietario de la casa aludía en la carta una grave enfermedad, a una perturbación mental que le agobiaba, y a un deseo sincero de ver al protagonista, porque buscar compañía le parecía la solución para todos sus males.
• Su familia se caracteriza por tener un carácter de sensibilidad poco común, que durante años y años se había plasmado en muchas obras artísticas de gran calidad y, últimamente, en repetidos gestos caritativos, generosos pero discretos, además de un devoción apasionada por las sutilezas técnicas de la música, más incluso que por la belleza ortodoxa y fácil de las otras artes. También conocía el protagonista, el hecho tan sorprendente, de la incapacidad del linaje de los Usher, a pesar de su antigüedad, para engendrar una estirpe perdurable: en otras palabras, que toda la familia descendía en línea directa y así había sido siempre con excepciones insignificantes y poco duraderas.
• La concordancia del lugar con sus moradores, es decir que ellos también eran austeros, tristes, y sin vida, todo casi inerte, sin alegría, ni color.
d) Otro gran protagonista del relato es Rodrick Usher un personaje con una compleja personalidad.
¿ Cuáles son sus rasgos físicos ? ¿ Qué nos dicen esos rasgos sobre su personalidad ? ¿ Que enfermedad padece y que ideas le obsesionan ? ¿ Qué características comparte Usher con el protagonista de“ El corazón delator ”?
• Usher tenía la tez cenicienta, ojos grandes, acuosos y encendidos, labios algo delgados y muy pálidos, pero con perfiles de inusitada belleza, nariz de delicado aire hebreo, aunque con aletas de anchura poco corriente, cabello más suave y fino que la tela de un araña y unas entradas demasiado marcadas.
• La barbilla finamente modelada, cuya escasa prominencia era indicio también de un carácter poco resuelto, es decir con poca personalidad.
• Su enfermedad: se trataba de un mal congénito y hereditario, sobre cuya cura no guardaba esperanza, una mera alteración nerviosa. Se manifestaba en un sinfín de sensaciones extrañas. Lo que él padecía era un terror anómalo.
• La relación que guarda con “ El corazón delator ” es la penumbra en la que se encuentra siempre y la edad que tiene.
g) El aparente fallecimiento de lady Madeline induce a su hermano a enterrarla en una antigua cripta de la casa.
¿ Por qué razón ?
• Por la naturaleza poco corriente de la enfermedad de la difunta y ciertas preguntas raras y molestas de sus médicos, así como la propia situación del cementerio familiar, distante y desprotegido.
Voluntario, biografía del autor.
Poe, Edgar Allan (1809-1849), escritor, poeta y crítico estadounidense, más conocido como el primer maestro del relato corto, en especial de terror y misterio.
Nació en Boston el 19 de enero de 1809. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron siendo él niño, y fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia), que probablemente fue su padrino. A los seis años viajó con la familia Allan a Inglaterra donde ingresó en un internado privado. Después de regresar a Estados Unidos en 1820 siguió estudiando en centros privados y asistió a la universidad de Virginia durante un año, pero en 1827 su padre adoptivo, disgustado por la afición del joven a la bebida y al juego, se negó a pagar sus deudas y le obligó a trabajar como empleado.
Contrariando la voluntad de Allan, Poe abandonó su nuevo trabajo, que detestaba, y viajó a Boston donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas (1827). Poco después se alistó en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y se reconcilió con Allan, que le consiguió un cargo en la Academia militar, pero a los pocos meses fue despedido por negligencia en el deber; su padre adoptivo le repudió para siempre.
Al año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), se trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento 'Manuscrito encontrado en una botella' ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger. En 1836 se casó con su joven sobrina y durante la década siguiente, gran parte de la cual fue desgraciada a causa de la larga enfermedad de Virginia, Poe trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. En 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo; su desastrosa adicción al alcohol y su supuesto consumo de drogas, atestiguado por sus contemporáneos, pudo contribuir a su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.
Resumen Libro Mala onda (Alberto fuguet)
Resumen
Matías Vicuña, un joven de 17 años, regresa de Río de Janeiro, donde se efectuó su Viaje de Estudios para hundirse en un país distorsionado por el toque de queda militar.
En Río, Matías conoce nuevos mundos, disfruta de su libertad al máximo y comparte con Cassia, una chica de la zona un impetuoso romance.
Matías no estaba contento de volver a su ciudad natal; después de tanto placer y libertad, una vuelta a la represión y al encierro, no le hacían mucha gracia, pero ya de vuelta en Santiago, Matías siguió con su rutina habitual: noches llenas de alcohol, con sus amigos. Pasando por el Juancho´s, un bar al que ellos iban. Allí trabajaba Alejandro Paz, el barman, y amigo de muchos. Él gustaba muchisimo de la cultura Norteamericana. Leía sus revistas, se mantenía muy informado sobre lo que allí pasaba y soñaba con que algún día estaría allá.
El Nacho, su mejor amigo, no había ido al Viaje de Estudios por que su padre no le había dado permiso. Estaba enojado con él por haber dejado la Escuela Naval. Y mientras sus demás compañeros se bronceaban en Río, él se fue con Papelucho a Pichilemu, en donde conoció al Rusty, un surfista.
Cierto día surgió la idea de ir por el día a Reñaca; irían al departamento de Matías, su padre ya se había prestado, y partirían después del bautizo de su sobrino; Felipe Iriarte. Lo pasaron a buscar a la salida de la iglesia y partieron Cox, Lerner, Matías, el Patán y el Nacho. En Reñaca se encontraron con la Maite, la Pía Balmaceda y la Flavia Montessori.
Llegó también Papelucho con su amigo el Rusty, quien causó sensación entre todos los presentes, menos en Matías, quién con su presencia se fue sintiendo cada vez más relegado del grupo, hasta que finalmente decidió abandonarlos. Y regresar a Santiago por su cuenta.
El lunes vuelven a clases, y por la tarde se celebraba el cumpleaños de la Rosita Barros, pero antes de éste había un “carrete” en la casa del Rusty. Lerner apareció por el departamento de Matías para pasarlo a buscar. En la casa del Rusty, habían muchas drogas y alcohol, sin embargo, Matías se aburre y se va al cumpleaños de la Rosita, para ver a Antonia. Allí no fue muy bien recibido y decidió retirarse. Fue así como poco a poco a la gente le empezó a caer mal, incluso a sus propios amigos. Matías comenzó a entrar en decadencia, a perder la capacidad de goce, de pasarlo bien.
El martes, Matías decide no ir a clase, impactado por el libro que le prestó el Alejandro Paz: “El Guardián en el Centeno”, de Salinger. Matías, se sintió plenamente identificado con el protagonista Holden Caufield. Matías necesitaba alguien con que hablar y comentar el libro. Toda la mañana intento ansiosamente de ubicar al Paz, pero este no se encontraba. Se junto con la Flora Montenegro (su profesora de castellano) en un restorán naturista. La Flora le dice que el libro es muy juvenil, muy obvio. Matías se va un tanto desilusionado después de esta conversación a su casa. Al llegar a ésta, su mamá lo manda al Jumbo Bilbao a comprar con su padre provisiones para la fiesta que ella daba esa noche.
En la fiesta, el ambiente se empezó a poner un poco denso. Los invitados se empezaron a emborrachar y empezaron a actuar de acuerdo con sus sentimientos. Su madre, tomada de la mano del Tío Sandro; su padre observaba toda la situación sin ni siquiera molestarse. Cuando llegó la comida, Matías hizo uno de sus comentarios acerca de la comida, ofendiendo a uno de los invitados. Matías se enfrenta con su madre y decide irse de su casa. Antes de hacerlo, va por sus anteojos, el libro de Salinger, un cheque en blanco de su padre, algunos Valium y unos cuantos gramos de coca, que tenia su padre.
Después de dar muchas vueltas en micro y recorrer Santiago, tratando de entrar a algún bar, sin lograr un buen resultado, termino alojándose en el CITY HOTEL, gastando mucho dinero al igual que Holden Caufield.
Al día siguiente Matías sale de compras al centro, donde se produce una manifestación política y se esconde en el Café Haití, donde se encuentra con su abuelo. Su abuelo lo saca del lugar y se esconden en el Club la Unión. Ahí el abuelo se calma un poco y después de charlar un rato toma un taxi y se va, no sin antes ofrecerle a Matías llevarlo de vuelta a su casa, pero él decide quedarse un momento en el lugar. Mientras estaba cortándose el pelo, llegó su padre, quien había sido avisado por el abuelo de Matías.
Finalmente juntos se van a una casa de masajes y comparten nostálgicamente una buena noche, junto a las drogas y el sexo.
El padre de Matías le cuenta la triste historia de que su madre se fue a Buenos Aires con el tío Sandro y que sus hermanas se fueron donde la Pilar, por lo que él se encontraba solo. Ambos deciden finalmente vivir juntos en el departamento.
Había llovido toda la noche y el sol tímidamente se iba asomando. Matías decide ir a dar una vuelta al cerro San Cristóbal, para despejarse y dejar atrás la mala onda que había acarreado durante mucho tiempo y mientras desciende en su bicicleta y siente el fuerte golpe del viento, ve a lo lejos nuevamente una luz en el horizonte.
Comentario
Se ve Chile en un momento político delicado, a una semana del plebiscito del 80. Dentro de el, un joven de 17 años, Matías Vicuña, perteneciente a la elite, la clase dirigente de su país. Pertenece al grupo social más exclusivo de Chile, que esta de mas decirlo, posee un gran poder adquisitivo.
Este joven no tiene motivación alguna por vivir, pues todo en su vida se ha dado bastante fácil, jamas ha luchado por nada, no ha sido necesario, no ha luchado por plata, ni por amistad, ni por sexo, ni por amor. Pertenece a una generación bastante mal acostumbrada a que le hagan todo, ni siquiera necesitan pensar pues la televisión lo hace por ellos (nótese que estamos perfectamente conscientes de que nosotros pertenecemos a esta generación).
El libro es un relato liviano de una semana en la vida de este personaje, al que algún atrevido (aparte del mismo Matías), oso comparar con Holden Caufield, aunque una semana bastante trascendental por cierto, pues Matías se encuentra en plena transición de la alegre y despreocupada “niñez”, a la confrontante y dura “adultez joven”, donde se enfrentara al mundo cruel que lo rodea. El autor aprovecha de hacer un paralelo entre el momento político crucial que vive Chile, y el momento emocional critico que vive Matías: Chile y Matías eligen su futuro en la semana en la que transcurre el libro.
A primera vista también se ve abundancia de drogas, promiscuidad, alcohol y dudosa moralidad. Esto no se diferencia mucho de la situación actual de Chile, solo que evidentemente, en estilo novelado con cierta capacidad por parte del autor, estas se vuelven atractivas y seductoras. ¿En que ambiente se da esta situación que los adultos miopes tildan de alarmante? En un mundo de familias desmembradas o pésimamente mal articuladas (como el caso de la familia de Matías, al interior de la cual existe escasisima comunicación), donde la infidelidad conyugal es de lo más normal. Estas familias no tienen mas lazos que los sanguíneos, que los unan entre si. La relación entre los amigos adolescentes, se reduce exclusivamente a amistad de “carrete”, pero no se ven amistades en las que Matías pueda contar pase lo que pase. Matías necesita desahogar las angustias propias de un niño adolescente que esta despertando a un mundo hostil.
Resumiendo, se puede decir que es un relato testimonial sobre una generación bastante ahogada por los tiempos que le toco vivir, y con posibilidades mínimas de expresión.
La novela es o intenta ser una critica a la violenta transformación social y económica que vivió y vive en la actualidad Chile. Con una postura claramente izquierdista, Fuguet critica a la gente que opta por vivir su vida en la mentira, una vida “light” sin grandes cuestionamientos, donde el dinero ha reemplazado algunas actitudes y valores que en el pasado eran indispensables.
Análisis de la Novela
Mala Onda
de Alberto Fuguet
26 de Junio de 1998
Resumen
Matías Vicuña, un joven de 17 años, regresa de Río de Janeiro, donde se efectuó su Viaje de Estudios para hundirse en un país distorsionado por el toque de queda militar.
En Río, Matías conoce nuevos mundos, disfruta de su libertad al máximo y comparte con Cassia, una chica de la zona un impetuoso romance.
Matías no estaba contento de volver a su ciudad natal; después de tanto placer y libertad, una vuelta a la represión y al encierro, no le hacían mucha gracia, pero ya de vuelta en Santiago, Matías siguió con su rutina habitual: noches llenas de alcohol, con sus amigos. Pasando por el Juancho´s, un bar al que ellos iban. Allí trabajaba Alejandro Paz, el barman, y amigo de muchos. Él gustaba muchisimo de la cultura Norteamericana. Leía sus revistas, se mantenía muy informado sobre lo que allí pasaba y soñaba con que algún día estaría allá.
El Nacho, su mejor amigo, no había ido al Viaje de Estudios por que su padre no le había dado permiso. Estaba enojado con él por haber dejado la Escuela Naval. Y mientras sus demás compañeros se bronceaban en Río, él se fue con Papelucho a Pichilemu, en donde conoció al Rusty, un surfista.
Cierto día surgió la idea de ir por el día a Reñaca; irían al departamento de Matías, su padre ya se había prestado, y partirían después del bautizo de su sobrino; Felipe Iriarte. Lo pasaron a buscar a la salida de la iglesia y partieron Cox, Lerner, Matías, el Patán y el Nacho. En Reñaca se encontraron con la Maite, la Pía Balmaceda y la Flavia Montessori.
Llegó también Papelucho con su amigo el Rusty, quien causó sensación entre todos los presentes, menos en Matías, quién con su presencia se fue sintiendo cada vez más relegado del grupo, hasta que finalmente decidió abandonarlos. Y regresar a Santiago por su cuenta.
El lunes vuelven a clases, y por la tarde se celebraba el cumpleaños de la Rosita Barros, pero antes de éste había un “carrete” en la casa del Rusty. Lerner apareció por el departamento de Matías para pasarlo a buscar. En la casa del Rusty, habían muchas drogas y alcohol, sin embargo, Matías se aburre y se va al cumpleaños de la Rosita, para ver a Antonia. Allí no fue muy bien recibido y decidió retirarse. Fue así como poco a poco a la gente le empezó a caer mal, incluso a sus propios amigos. Matías comenzó a entrar en decadencia, a perder la capacidad de goce, de pasarlo bien.
El martes, Matías decide no ir a clase, impactado por el libro que le prestó el Alejandro Paz: “El Guardián en el Centeno”, de Salinger. Matías, se sintió plenamente identificado con el protagonista Holden Caufield. Matías necesitaba alguien con que hablar y comentar el libro. Toda la mañana intento ansiosamente de ubicar al Paz, pero este no se encontraba. Se junto con la Flora Montenegro (su profesora de castellano) en un restorán naturista. La Flora le dice que el libro es muy juvenil, muy obvio. Matías se va un tanto desilusionado después de esta conversación a su casa. Al llegar a ésta, su mamá lo manda al Jumbo Bilbao a comprar con su padre provisiones para la fiesta que ella daba esa noche.
En la fiesta, el ambiente se empezó a poner un poco denso. Los invitados se empezaron a emborrachar y empezaron a actuar de acuerdo con sus sentimientos. Su madre, tomada de la mano del Tío Sandro; su padre observaba toda la situación sin ni siquiera molestarse. Cuando llegó la comida, Matías hizo uno de sus comentarios acerca de la comida, ofendiendo a uno de los invitados. Matías se enfrenta con su madre y decide irse de su casa. Antes de hacerlo, va por sus anteojos, el libro de Salinger, un cheque en blanco de su padre, algunos Valium y unos cuantos gramos de coca, que tenia su padre.
Después de dar muchas vueltas en micro y recorrer Santiago, tratando de entrar a algún bar, sin lograr un buen resultado, termino alojándose en el CITY HOTEL, gastando mucho dinero al igual que Holden Caufield.
Al día siguiente Matías sale de compras al centro, donde se produce una manifestación política y se esconde en el Café Haití, donde se encuentra con su abuelo. Su abuelo lo saca del lugar y se esconden en el Club la Unión. Ahí el abuelo se calma un poco y después de charlar un rato toma un taxi y se va, no sin antes ofrecerle a Matías llevarlo de vuelta a su casa, pero él decide quedarse un momento en el lugar. Mientras estaba cortándose el pelo, llegó su padre, quien había sido avisado por el abuelo de Matías.
Finalmente juntos se van a una casa de masajes y comparten nostálgicamente una buena noche, junto a las drogas y el sexo.
El padre de Matías le cuenta la triste historia de que su madre se fue a Buenos Aires con el tío Sandro y que sus hermanas se fueron donde la Pilar, por lo que él se encontraba solo. Ambos deciden finalmente vivir juntos en el departamento.
Había llovido toda la noche y el sol tímidamente se iba asomando. Matías decide ir a dar una vuelta al cerro San Cristóbal, para despejarse y dejar atrás la mala onda que había acarreado durante mucho tiempo y mientras desciende en su bicicleta y siente el fuerte golpe del viento, ve a lo lejos nuevamente una luz en el horizonte.
Nivel de Lectura Superficial
A nivel superficial, el libro es bastante evidente. ¿Que se ve? Chile en un momento político delicado, a una semana del plebiscito del 80. Dentro de el, un joven de 17 años, Matías Vicuña, perteneciente a la elite, la clase dirigente de su país. Pertenece al grupo social más exclusivo de Chile, que esta de mas decirlo, posee un gran poder adquisitivo.
Este joven no tiene motivación alguna por vivir, pues todo en su vida se ha dado bastante fácil, jamás ha luchado por nada, no ha sido necesario, no ha luchado por plata, ni por amistad, ni por sexo, ni por amor. Pertenece a una generación bastante mal acostumbrada a que le hagan todo, ni siquiera necesitan pensar pues la televisión lo hace por ellos (nótese que estamos perfectamente conscientes de que nosotros pertenecemos a esta generación).
El libro es un relato liviano de una semana en la vida de este personaje, al que algún atrevido (aparte del mismo Matías), oso comparar con Holden Caufield, aunque una semana bastante trascendental por cierto, pues Matías se encuentra en plena transición de la alegre y despreocupada “niñez”, a la confrontante y dura “adultez joven”, donde se enfrentara al mundo cruel que lo rodea. El autor aprovecha de hacer un paralelo entre el momento político crucial que vive Chile, y el momento emocional critico que vive Matías: Chile y Matías eligen su futuro en la semana en la que transcurre el libro.
¿Que más hay a primera vista? Abundancia de drogas, promiscuidad, alcohol y dudosa moralidad. Esto no se diferencia mucho de la situación actual de Chile, solo que evidentemente, en estilo novelado con cierta capacidad por parte del autor, estas se vuelven atractivas y seductoras. ¿En que ambiente se da esta situación que los adultos miopes tildan de alarmante? En un mundo de familias desmembradas o pésimamente mal articuladas (como el caso de la familia de Matías, al interior de la cual existe escasisima comunicación), donde la infidelidad conyugal es de lo más normal. Estas familias no tienen mas lazos que los sanguíneos, que los unan entre si. La relación entre los amigos adolescentes, se reduce exclusivamente a amistad de “carrete”, pero no se ven amistades en las que Matías pueda contar pase lo que pase. Matías necesita desahogar las angustias propias de un niño adolescente que esta despertando a un mundo hostil.
Resumiendo, se puede decir que es un relato testimonial sobre una generación bastante ahogada por los tiempos que le toco vivir, y con posibilidades mínimas de expresión.
Nivel Profundo de Lectura
¿Nivel profundo de lectura? La verdad es que Mala Onda dice mucho mas en su nivel superficial que en el nivel profundo, sin embargo igual encierra una fuerte critica en su interior:
Matías Vicuña le pregunta a una compañera:
- ¿A que hora sale el avión?
- Dos horas mas- me responde con su típico tonito de profesora de castellano.
- Puta, que mala onda.
- Por un lado mejor, así dura mas el viaje.
- Estas loca, si esto ya se acabo. Si hay que volver, mejor que sea al tiro. Para que prolongar el dolor, no sé si me entiendes.
- Y yo que creía que lo habías pasado tan bien, Matías.
En este pequeño dialogo, se encuentran presentes un mundo de apariencias en el que estamos viviendo, donde todo el mundo finge ser algo que no es (“y yo que creía que lo habías pasado tan bien, Matías”), el “pelambre” solapado (“me responde con su típico tonito de profesora de castellano”) y el menosprecio a cualquier persona a la que se considera inferior, y por ultimo y como resumen de todas las anteriores, el “aserruchamiento” de piso, todas estas características tan negativas que caracterizan a nuestra decadente sociedad.
El libro es o intenta ser una crítica a la violenta transformación social y económica que vivió y vive en la actualidad Chile. Con una postura claramente izquierdista, Fuguet crítica a la gente que opta por vivir su vida en la mentira, una vida “light” sin grandes cuestionamientos, donde el dinero ha reemplazado algunas actitudes y valores que en el pasado eran indispensables.
Por otro lado, el libro logra un bastante buen retrato de la juventud chilena, y nos dice (en realidad les dice a los adultos), Eyy, miren lo que pasa bajo sus narices, ¿y saben por que? Porque la cagaron, si, la cagaron y la siguen cagando. La juventud retratada en el libro vive en el aquí y en el ahora, lo cual en teoría es excelente, pero que en la practica nos lleva a tener una de las tasas de consumo de drogas y alcohol per cápita más altas del mundo.
Por otro lado, el libro habla sobre la soledad que envuelve al individuo hoy en día, sin importar orígenes ni clases sociales... estamos solos, absolutamente solos. El problema de esto, es que la soledad es un tema bastante gastado, que el libro no trata con frescura. ¿Quién puede afirmar con la mano en el corazón, que no se siente solo? Matías estuvo muy rodeado de gente, y sin embargo siempre estuvo solo.
Matías intento luchar contra el sistema y no pudo, el sistema lo venció (por supuesto, ¿quien puede contra él?), y es en este sentido que el libro al final termina entregando un mensaje de esperanza, Matías a pesar de todo lo que lo rodea, vuelve a tener esperanzas...
Tema Central de la Novela
Mala Onda, trata muchos temas diferentes, creo que tal vez depende mucho de cuando se lea, la edad del lector, y del nivel de profundidad de la lectura.
Supongamos que el lector tenga 15 o16 años y este pasando por la adolescencia, Matías Vicuña seguramente será su amigo, alguien con quien sentirse identificado, o por ultimo alguien a quien mirar hacia arriba, aspirar a ser. La soledad por la que muchos jóvenes pasaron, pasan y pasaran (o creyeron). Cuando estar solo y valerse de uno mismo era lo que más importaba en la vida, demostrarle a tus amistades que podías vivir sin ellos, que eras superior a los demás, que nadie te entendía. La soledad de una sociedad alienada, en que cada día nos vamos mas para adentro, somos más liberales, pero tenemos una coraza, que día a día crece, que nos protege del mundo exterior. La soledad que enfrenta Matías en la novela esta tratada de tal forma, que muchos lectores dirán “guaau eso mismo me pasa a mí”, supongo que si tuviera que resumir todo lo que acabo de escribir en una sola frase seria algo como: “Las aventuras y desventuras de un rebelde en el Santiago de los 80”, claro que ahora me parece bastante estúpido ese comentario.
También creo que Fuguet intenta educar, hasta cierto punto, a las nuevas generaciones sobre lo que paso durante el principio de los ochenta.
Ahora en cambio, supongamos que lo lee un adulto, que es el libro para él, nada mas que un insulto a la manera en que criba a sus hijos, o un despertador en el que el tema del libro es un llamado a darse cuenta de lo que sucede con la juventud. Como la juventud escolar pasa sus días (fuera y dentro del colegio). La droga y las relaciones prematrimoniales estan ahí, pero muchos padres y adultos, seguramente leerán el libro y se ofenderán, pero más que eso cerraron sus ojos antes de pensar que sus hijos pueden estar haciendo algo así.
Motivos
• La relación del padre de Matías con sus muchas y variadas mujeres, relaciones que son reiteradas a lo largo del texto. Que probablemente llevan a Matías a ser tan liberal sexualmente, pero tan asustado al momento de comprometerse.
• La aparición del gringo Rusty, y sus repetidas y reventas fiesta, que dejan a Matías relegado a un segundo plano entre su grupo de amistades.
• Todos los personajes “enfermos” que aparecen el texto (neonazis masturbadores, viejas alcohólicas), no hay ninguna familia “normal” en el texto, Matías no soporta más la mentira que se vive en su familia y se va.
Segmento social representado
La segmentación social que involucra a este grupo corresponde al ABC1. Principalmente a esa juventud que se la a dado todo en la vida de forma muy fácil, en bandeja, y que frente a los problemas no saben que hacer, se angustian más de la cuenta. En su mayoría pertenecen a esas familias que se beneficiaron con el “boom” económico de los años ochenta, son de la mitad de arriba de la economía chilena.
Estilo de vida
El estilo de vida que llevan estos jóvenes está marcado, fundamentalmente por los resquicios frente a las normas impuestas por el régimen de turno. Buscan salidas alternativas para poder juntarse por las noches, noches en que la droga, el alcohol y el sexo son factores comunes entre estos grupos de jóvenes.
Grupo representado hoy en día
El grupo social exhibido en el libro de Fuguet, en cuanto a las circunstancias de la época y las motivaciones que tenían en aquella entonces, son los matices que han ido variando a través del tiempo, pero lo que proyectan como segmento social de la juventud es lo mismo que encontramos hoy. Su ética y códigos morales se han mantenido hasta nuestros días.
Lo que pasa con este grupo hoy en día es que se a hecho más evidente a nuestros ojos, pues no tienen las restricciones que tenían antes, como por ejemplo el toque de queda. Además que la masificación de los medios de comunicación a influido mucho más que antes en el comportamiento actual.
Durante las noches santiaguinas seguimos asistiendo al triste espectáculo que brindan muchos jóvenes, que a través de alucinógenos, escapan de ellos mismos (que moralista ¿no?). Seguimos viendo a esta juventud falta de motivaciones importantes, y más aún, evitando los desafíos importantes con una apatía que no es reciente.
Es obvio ¿ por qué se van a preocupar de problemas? Lo tienen todo. Hoy en día son muchos, y su vida es ya un prototipo lleno de cosas en común.
El auto como premio por salir del colegio (¡¡qué gran esfuerzo!!) Plata cada vez que quieren, prepotentes y con la seguridad de que el dinero de sus padres es el aval de sus actitudes. Terminan en universidades privadas con un título de ingeniero comercial a la espera de que sus padres les den un cargo importante en la empresa que explotan y que los explota.
Su imagen es la de “winners” (ganadores) sus ropas combinan con lo que son; simples looks, son solo pinta, recorriendo las calles, pero que desnudos son iguales o peores que el resto. ¿Que triste es no poder caminar desnudos, no?
Creemos que el grupo de aquel entonces, que hoy bordean los treinta años (generación x) son una generación tabú, no se habla del pasado y solo se trabaja, muchos de ellos son reprimidos de opinión y les da lo mismo la vida del resto, creen que sus culpas ya fueron pagadas (San Augusto) y hoy solo viven para ellos.
Opinión Personal
Sin duda el libro de Fuguet apareció en el momento justo, 1990. Recordemos que recién se había vuelto a instaurar la democracia en Chile, con lo que “Mala Onda” aprovechó una excelente oportunidad comercial ofrecida por los políticos de este país.
En aquella entonces, salió una serie de literatura con matices contestatarios que antes no eran posibles publicar (poco, pero algo a cambiado la cosa) y Fuguet viene a ser uno más, o más bien uno menos, de los autores que practican este estilo.
¿Por qué uno menos? Uno menos ya que se nota que el libro es netamente comercial y no profundiza mayormente en lo político, a pesar de los múltiples elementos que ofrece la novela, la política es un mero pretexto para contar una historia y en ese sentido el libro de Fuguet es bastante “amarillo”.
Basándose en lo anterior nos cuesta decir que la obra de Fuguet es honesta, es más bien una obra hecha a la medida de la moda, y eso no nos gustó.
Ahora, analizando el libro en términos más sociológicos, un punto interesante del libro, Fuguet intenta mostrar una realidad, que tal vez, no había sido mostrada tan tácitamente antes. Mala Onda es un libro muy descarnado y autorreferente de la juventud chilena ABC1. Las giras de estudio a Brasil son algo muy común entre las clases acomodadas de este país, y es en ese sentido que la obra de Fuguet es interesante y querida por los jóvenes, pues cada vez que aparece el libro y hablamos de él, las anécdotas personales de la gira de estudio son imparables. El libro no se recuerda, sino que hace recordar. ¿Se habrá propuesto eso Fuguet, no sabemos?.
El libro critica a la juventud nihilista que caracteriza a los noventa, la apatía de la generación MTV es desnudada ante los ojos de los lectores, lectores que conocían esta realidad, o bien conservadores que se empeñan en negarla. Como alguien dijo por ahí, en este sentido, la obra de Fuguet es una ventana que deja respirar en un ambiente saturado de apariencias, engaños y tabúes.
Pero sin duda el libro tiene una gracia, y es que esta escrito de muy buena forma, muy creíble para los jóvenes y por sobre todo representativa de ellos, por lo que, por que negarlo, nos identifico en su momento.
En definitiva el libro es liviano y entretenido, pero para leerlo solo una vez, con eso basta. Pero ¿qué se propuso Fuguet con este libro? Eso no lo sabemos con certeza, pero creemos que vender y entretener. Más de eso no.
Información sobre el Autor
Alberto Fuguet nació en Santiago de Chile en 1964. Hasta los trece años vivió en California, Estados Unidos. Luego de terminar sus estudios secundarios en Santiago, se tituló de periodista en la Universidad de Chile e inició una multifacética carrera como crítico de cine y de música Rock, columnista, dramaturgo, y novelista. Su libro de cuentos Sobredosis fue tal vez la chispa que estableció el fenómeno literario y editorial conocido como “la nueva narrativa chilena” en la conciencia del gran publico. Mala Onda -escrita cuando Fuguet tenía 25 años y ahora traducida al inglés como Bad Vibes- lo consagro como uno de los escritores más leídos del país. En 1994 publico su segunda novela Por Favor, Rebobinar, y ha sido también coeditor de las antologías Cuentos con Walkman y McOndo. Su ultima novela Tinta Roja (1996) ha sido publicada en 12 países.
Tras la presentación oficial de la banda sonora y el trailer de “Se Arrienda”, la ópera prima escrita y dirigida por Fuguet y estelarizada por Luciano Cruz-Coke, el escritor-cineasta señaló que no está en sus planes llevar al cine su libro “Mala Onda”.
Matías Vicuña, un joven de 17 años, regresa de Río de Janeiro, donde se efectuó su Viaje de Estudios para hundirse en un país distorsionado por el toque de queda militar.
En Río, Matías conoce nuevos mundos, disfruta de su libertad al máximo y comparte con Cassia, una chica de la zona un impetuoso romance.
Matías no estaba contento de volver a su ciudad natal; después de tanto placer y libertad, una vuelta a la represión y al encierro, no le hacían mucha gracia, pero ya de vuelta en Santiago, Matías siguió con su rutina habitual: noches llenas de alcohol, con sus amigos. Pasando por el Juancho´s, un bar al que ellos iban. Allí trabajaba Alejandro Paz, el barman, y amigo de muchos. Él gustaba muchisimo de la cultura Norteamericana. Leía sus revistas, se mantenía muy informado sobre lo que allí pasaba y soñaba con que algún día estaría allá.
El Nacho, su mejor amigo, no había ido al Viaje de Estudios por que su padre no le había dado permiso. Estaba enojado con él por haber dejado la Escuela Naval. Y mientras sus demás compañeros se bronceaban en Río, él se fue con Papelucho a Pichilemu, en donde conoció al Rusty, un surfista.
Cierto día surgió la idea de ir por el día a Reñaca; irían al departamento de Matías, su padre ya se había prestado, y partirían después del bautizo de su sobrino; Felipe Iriarte. Lo pasaron a buscar a la salida de la iglesia y partieron Cox, Lerner, Matías, el Patán y el Nacho. En Reñaca se encontraron con la Maite, la Pía Balmaceda y la Flavia Montessori.
Llegó también Papelucho con su amigo el Rusty, quien causó sensación entre todos los presentes, menos en Matías, quién con su presencia se fue sintiendo cada vez más relegado del grupo, hasta que finalmente decidió abandonarlos. Y regresar a Santiago por su cuenta.
El lunes vuelven a clases, y por la tarde se celebraba el cumpleaños de la Rosita Barros, pero antes de éste había un “carrete” en la casa del Rusty. Lerner apareció por el departamento de Matías para pasarlo a buscar. En la casa del Rusty, habían muchas drogas y alcohol, sin embargo, Matías se aburre y se va al cumpleaños de la Rosita, para ver a Antonia. Allí no fue muy bien recibido y decidió retirarse. Fue así como poco a poco a la gente le empezó a caer mal, incluso a sus propios amigos. Matías comenzó a entrar en decadencia, a perder la capacidad de goce, de pasarlo bien.
El martes, Matías decide no ir a clase, impactado por el libro que le prestó el Alejandro Paz: “El Guardián en el Centeno”, de Salinger. Matías, se sintió plenamente identificado con el protagonista Holden Caufield. Matías necesitaba alguien con que hablar y comentar el libro. Toda la mañana intento ansiosamente de ubicar al Paz, pero este no se encontraba. Se junto con la Flora Montenegro (su profesora de castellano) en un restorán naturista. La Flora le dice que el libro es muy juvenil, muy obvio. Matías se va un tanto desilusionado después de esta conversación a su casa. Al llegar a ésta, su mamá lo manda al Jumbo Bilbao a comprar con su padre provisiones para la fiesta que ella daba esa noche.
En la fiesta, el ambiente se empezó a poner un poco denso. Los invitados se empezaron a emborrachar y empezaron a actuar de acuerdo con sus sentimientos. Su madre, tomada de la mano del Tío Sandro; su padre observaba toda la situación sin ni siquiera molestarse. Cuando llegó la comida, Matías hizo uno de sus comentarios acerca de la comida, ofendiendo a uno de los invitados. Matías se enfrenta con su madre y decide irse de su casa. Antes de hacerlo, va por sus anteojos, el libro de Salinger, un cheque en blanco de su padre, algunos Valium y unos cuantos gramos de coca, que tenia su padre.
Después de dar muchas vueltas en micro y recorrer Santiago, tratando de entrar a algún bar, sin lograr un buen resultado, termino alojándose en el CITY HOTEL, gastando mucho dinero al igual que Holden Caufield.
Al día siguiente Matías sale de compras al centro, donde se produce una manifestación política y se esconde en el Café Haití, donde se encuentra con su abuelo. Su abuelo lo saca del lugar y se esconden en el Club la Unión. Ahí el abuelo se calma un poco y después de charlar un rato toma un taxi y se va, no sin antes ofrecerle a Matías llevarlo de vuelta a su casa, pero él decide quedarse un momento en el lugar. Mientras estaba cortándose el pelo, llegó su padre, quien había sido avisado por el abuelo de Matías.
Finalmente juntos se van a una casa de masajes y comparten nostálgicamente una buena noche, junto a las drogas y el sexo.
El padre de Matías le cuenta la triste historia de que su madre se fue a Buenos Aires con el tío Sandro y que sus hermanas se fueron donde la Pilar, por lo que él se encontraba solo. Ambos deciden finalmente vivir juntos en el departamento.
Había llovido toda la noche y el sol tímidamente se iba asomando. Matías decide ir a dar una vuelta al cerro San Cristóbal, para despejarse y dejar atrás la mala onda que había acarreado durante mucho tiempo y mientras desciende en su bicicleta y siente el fuerte golpe del viento, ve a lo lejos nuevamente una luz en el horizonte.
Comentario
Se ve Chile en un momento político delicado, a una semana del plebiscito del 80. Dentro de el, un joven de 17 años, Matías Vicuña, perteneciente a la elite, la clase dirigente de su país. Pertenece al grupo social más exclusivo de Chile, que esta de mas decirlo, posee un gran poder adquisitivo.
Este joven no tiene motivación alguna por vivir, pues todo en su vida se ha dado bastante fácil, jamas ha luchado por nada, no ha sido necesario, no ha luchado por plata, ni por amistad, ni por sexo, ni por amor. Pertenece a una generación bastante mal acostumbrada a que le hagan todo, ni siquiera necesitan pensar pues la televisión lo hace por ellos (nótese que estamos perfectamente conscientes de que nosotros pertenecemos a esta generación).
El libro es un relato liviano de una semana en la vida de este personaje, al que algún atrevido (aparte del mismo Matías), oso comparar con Holden Caufield, aunque una semana bastante trascendental por cierto, pues Matías se encuentra en plena transición de la alegre y despreocupada “niñez”, a la confrontante y dura “adultez joven”, donde se enfrentara al mundo cruel que lo rodea. El autor aprovecha de hacer un paralelo entre el momento político crucial que vive Chile, y el momento emocional critico que vive Matías: Chile y Matías eligen su futuro en la semana en la que transcurre el libro.
A primera vista también se ve abundancia de drogas, promiscuidad, alcohol y dudosa moralidad. Esto no se diferencia mucho de la situación actual de Chile, solo que evidentemente, en estilo novelado con cierta capacidad por parte del autor, estas se vuelven atractivas y seductoras. ¿En que ambiente se da esta situación que los adultos miopes tildan de alarmante? En un mundo de familias desmembradas o pésimamente mal articuladas (como el caso de la familia de Matías, al interior de la cual existe escasisima comunicación), donde la infidelidad conyugal es de lo más normal. Estas familias no tienen mas lazos que los sanguíneos, que los unan entre si. La relación entre los amigos adolescentes, se reduce exclusivamente a amistad de “carrete”, pero no se ven amistades en las que Matías pueda contar pase lo que pase. Matías necesita desahogar las angustias propias de un niño adolescente que esta despertando a un mundo hostil.
Resumiendo, se puede decir que es un relato testimonial sobre una generación bastante ahogada por los tiempos que le toco vivir, y con posibilidades mínimas de expresión.
La novela es o intenta ser una critica a la violenta transformación social y económica que vivió y vive en la actualidad Chile. Con una postura claramente izquierdista, Fuguet critica a la gente que opta por vivir su vida en la mentira, una vida “light” sin grandes cuestionamientos, donde el dinero ha reemplazado algunas actitudes y valores que en el pasado eran indispensables.
Análisis de la Novela
Mala Onda
de Alberto Fuguet
26 de Junio de 1998
Resumen
Matías Vicuña, un joven de 17 años, regresa de Río de Janeiro, donde se efectuó su Viaje de Estudios para hundirse en un país distorsionado por el toque de queda militar.
En Río, Matías conoce nuevos mundos, disfruta de su libertad al máximo y comparte con Cassia, una chica de la zona un impetuoso romance.
Matías no estaba contento de volver a su ciudad natal; después de tanto placer y libertad, una vuelta a la represión y al encierro, no le hacían mucha gracia, pero ya de vuelta en Santiago, Matías siguió con su rutina habitual: noches llenas de alcohol, con sus amigos. Pasando por el Juancho´s, un bar al que ellos iban. Allí trabajaba Alejandro Paz, el barman, y amigo de muchos. Él gustaba muchisimo de la cultura Norteamericana. Leía sus revistas, se mantenía muy informado sobre lo que allí pasaba y soñaba con que algún día estaría allá.
El Nacho, su mejor amigo, no había ido al Viaje de Estudios por que su padre no le había dado permiso. Estaba enojado con él por haber dejado la Escuela Naval. Y mientras sus demás compañeros se bronceaban en Río, él se fue con Papelucho a Pichilemu, en donde conoció al Rusty, un surfista.
Cierto día surgió la idea de ir por el día a Reñaca; irían al departamento de Matías, su padre ya se había prestado, y partirían después del bautizo de su sobrino; Felipe Iriarte. Lo pasaron a buscar a la salida de la iglesia y partieron Cox, Lerner, Matías, el Patán y el Nacho. En Reñaca se encontraron con la Maite, la Pía Balmaceda y la Flavia Montessori.
Llegó también Papelucho con su amigo el Rusty, quien causó sensación entre todos los presentes, menos en Matías, quién con su presencia se fue sintiendo cada vez más relegado del grupo, hasta que finalmente decidió abandonarlos. Y regresar a Santiago por su cuenta.
El lunes vuelven a clases, y por la tarde se celebraba el cumpleaños de la Rosita Barros, pero antes de éste había un “carrete” en la casa del Rusty. Lerner apareció por el departamento de Matías para pasarlo a buscar. En la casa del Rusty, habían muchas drogas y alcohol, sin embargo, Matías se aburre y se va al cumpleaños de la Rosita, para ver a Antonia. Allí no fue muy bien recibido y decidió retirarse. Fue así como poco a poco a la gente le empezó a caer mal, incluso a sus propios amigos. Matías comenzó a entrar en decadencia, a perder la capacidad de goce, de pasarlo bien.
El martes, Matías decide no ir a clase, impactado por el libro que le prestó el Alejandro Paz: “El Guardián en el Centeno”, de Salinger. Matías, se sintió plenamente identificado con el protagonista Holden Caufield. Matías necesitaba alguien con que hablar y comentar el libro. Toda la mañana intento ansiosamente de ubicar al Paz, pero este no se encontraba. Se junto con la Flora Montenegro (su profesora de castellano) en un restorán naturista. La Flora le dice que el libro es muy juvenil, muy obvio. Matías se va un tanto desilusionado después de esta conversación a su casa. Al llegar a ésta, su mamá lo manda al Jumbo Bilbao a comprar con su padre provisiones para la fiesta que ella daba esa noche.
En la fiesta, el ambiente se empezó a poner un poco denso. Los invitados se empezaron a emborrachar y empezaron a actuar de acuerdo con sus sentimientos. Su madre, tomada de la mano del Tío Sandro; su padre observaba toda la situación sin ni siquiera molestarse. Cuando llegó la comida, Matías hizo uno de sus comentarios acerca de la comida, ofendiendo a uno de los invitados. Matías se enfrenta con su madre y decide irse de su casa. Antes de hacerlo, va por sus anteojos, el libro de Salinger, un cheque en blanco de su padre, algunos Valium y unos cuantos gramos de coca, que tenia su padre.
Después de dar muchas vueltas en micro y recorrer Santiago, tratando de entrar a algún bar, sin lograr un buen resultado, termino alojándose en el CITY HOTEL, gastando mucho dinero al igual que Holden Caufield.
Al día siguiente Matías sale de compras al centro, donde se produce una manifestación política y se esconde en el Café Haití, donde se encuentra con su abuelo. Su abuelo lo saca del lugar y se esconden en el Club la Unión. Ahí el abuelo se calma un poco y después de charlar un rato toma un taxi y se va, no sin antes ofrecerle a Matías llevarlo de vuelta a su casa, pero él decide quedarse un momento en el lugar. Mientras estaba cortándose el pelo, llegó su padre, quien había sido avisado por el abuelo de Matías.
Finalmente juntos se van a una casa de masajes y comparten nostálgicamente una buena noche, junto a las drogas y el sexo.
El padre de Matías le cuenta la triste historia de que su madre se fue a Buenos Aires con el tío Sandro y que sus hermanas se fueron donde la Pilar, por lo que él se encontraba solo. Ambos deciden finalmente vivir juntos en el departamento.
Había llovido toda la noche y el sol tímidamente se iba asomando. Matías decide ir a dar una vuelta al cerro San Cristóbal, para despejarse y dejar atrás la mala onda que había acarreado durante mucho tiempo y mientras desciende en su bicicleta y siente el fuerte golpe del viento, ve a lo lejos nuevamente una luz en el horizonte.
Nivel de Lectura Superficial
A nivel superficial, el libro es bastante evidente. ¿Que se ve? Chile en un momento político delicado, a una semana del plebiscito del 80. Dentro de el, un joven de 17 años, Matías Vicuña, perteneciente a la elite, la clase dirigente de su país. Pertenece al grupo social más exclusivo de Chile, que esta de mas decirlo, posee un gran poder adquisitivo.
Este joven no tiene motivación alguna por vivir, pues todo en su vida se ha dado bastante fácil, jamás ha luchado por nada, no ha sido necesario, no ha luchado por plata, ni por amistad, ni por sexo, ni por amor. Pertenece a una generación bastante mal acostumbrada a que le hagan todo, ni siquiera necesitan pensar pues la televisión lo hace por ellos (nótese que estamos perfectamente conscientes de que nosotros pertenecemos a esta generación).
El libro es un relato liviano de una semana en la vida de este personaje, al que algún atrevido (aparte del mismo Matías), oso comparar con Holden Caufield, aunque una semana bastante trascendental por cierto, pues Matías se encuentra en plena transición de la alegre y despreocupada “niñez”, a la confrontante y dura “adultez joven”, donde se enfrentara al mundo cruel que lo rodea. El autor aprovecha de hacer un paralelo entre el momento político crucial que vive Chile, y el momento emocional critico que vive Matías: Chile y Matías eligen su futuro en la semana en la que transcurre el libro.
¿Que más hay a primera vista? Abundancia de drogas, promiscuidad, alcohol y dudosa moralidad. Esto no se diferencia mucho de la situación actual de Chile, solo que evidentemente, en estilo novelado con cierta capacidad por parte del autor, estas se vuelven atractivas y seductoras. ¿En que ambiente se da esta situación que los adultos miopes tildan de alarmante? En un mundo de familias desmembradas o pésimamente mal articuladas (como el caso de la familia de Matías, al interior de la cual existe escasisima comunicación), donde la infidelidad conyugal es de lo más normal. Estas familias no tienen mas lazos que los sanguíneos, que los unan entre si. La relación entre los amigos adolescentes, se reduce exclusivamente a amistad de “carrete”, pero no se ven amistades en las que Matías pueda contar pase lo que pase. Matías necesita desahogar las angustias propias de un niño adolescente que esta despertando a un mundo hostil.
Resumiendo, se puede decir que es un relato testimonial sobre una generación bastante ahogada por los tiempos que le toco vivir, y con posibilidades mínimas de expresión.
Nivel Profundo de Lectura
¿Nivel profundo de lectura? La verdad es que Mala Onda dice mucho mas en su nivel superficial que en el nivel profundo, sin embargo igual encierra una fuerte critica en su interior:
Matías Vicuña le pregunta a una compañera:
- ¿A que hora sale el avión?
- Dos horas mas- me responde con su típico tonito de profesora de castellano.
- Puta, que mala onda.
- Por un lado mejor, así dura mas el viaje.
- Estas loca, si esto ya se acabo. Si hay que volver, mejor que sea al tiro. Para que prolongar el dolor, no sé si me entiendes.
- Y yo que creía que lo habías pasado tan bien, Matías.
En este pequeño dialogo, se encuentran presentes un mundo de apariencias en el que estamos viviendo, donde todo el mundo finge ser algo que no es (“y yo que creía que lo habías pasado tan bien, Matías”), el “pelambre” solapado (“me responde con su típico tonito de profesora de castellano”) y el menosprecio a cualquier persona a la que se considera inferior, y por ultimo y como resumen de todas las anteriores, el “aserruchamiento” de piso, todas estas características tan negativas que caracterizan a nuestra decadente sociedad.
El libro es o intenta ser una crítica a la violenta transformación social y económica que vivió y vive en la actualidad Chile. Con una postura claramente izquierdista, Fuguet crítica a la gente que opta por vivir su vida en la mentira, una vida “light” sin grandes cuestionamientos, donde el dinero ha reemplazado algunas actitudes y valores que en el pasado eran indispensables.
Por otro lado, el libro logra un bastante buen retrato de la juventud chilena, y nos dice (en realidad les dice a los adultos), Eyy, miren lo que pasa bajo sus narices, ¿y saben por que? Porque la cagaron, si, la cagaron y la siguen cagando. La juventud retratada en el libro vive en el aquí y en el ahora, lo cual en teoría es excelente, pero que en la practica nos lleva a tener una de las tasas de consumo de drogas y alcohol per cápita más altas del mundo.
Por otro lado, el libro habla sobre la soledad que envuelve al individuo hoy en día, sin importar orígenes ni clases sociales... estamos solos, absolutamente solos. El problema de esto, es que la soledad es un tema bastante gastado, que el libro no trata con frescura. ¿Quién puede afirmar con la mano en el corazón, que no se siente solo? Matías estuvo muy rodeado de gente, y sin embargo siempre estuvo solo.
Matías intento luchar contra el sistema y no pudo, el sistema lo venció (por supuesto, ¿quien puede contra él?), y es en este sentido que el libro al final termina entregando un mensaje de esperanza, Matías a pesar de todo lo que lo rodea, vuelve a tener esperanzas...
Tema Central de la Novela
Mala Onda, trata muchos temas diferentes, creo que tal vez depende mucho de cuando se lea, la edad del lector, y del nivel de profundidad de la lectura.
Supongamos que el lector tenga 15 o16 años y este pasando por la adolescencia, Matías Vicuña seguramente será su amigo, alguien con quien sentirse identificado, o por ultimo alguien a quien mirar hacia arriba, aspirar a ser. La soledad por la que muchos jóvenes pasaron, pasan y pasaran (o creyeron). Cuando estar solo y valerse de uno mismo era lo que más importaba en la vida, demostrarle a tus amistades que podías vivir sin ellos, que eras superior a los demás, que nadie te entendía. La soledad de una sociedad alienada, en que cada día nos vamos mas para adentro, somos más liberales, pero tenemos una coraza, que día a día crece, que nos protege del mundo exterior. La soledad que enfrenta Matías en la novela esta tratada de tal forma, que muchos lectores dirán “guaau eso mismo me pasa a mí”, supongo que si tuviera que resumir todo lo que acabo de escribir en una sola frase seria algo como: “Las aventuras y desventuras de un rebelde en el Santiago de los 80”, claro que ahora me parece bastante estúpido ese comentario.
También creo que Fuguet intenta educar, hasta cierto punto, a las nuevas generaciones sobre lo que paso durante el principio de los ochenta.
Ahora en cambio, supongamos que lo lee un adulto, que es el libro para él, nada mas que un insulto a la manera en que criba a sus hijos, o un despertador en el que el tema del libro es un llamado a darse cuenta de lo que sucede con la juventud. Como la juventud escolar pasa sus días (fuera y dentro del colegio). La droga y las relaciones prematrimoniales estan ahí, pero muchos padres y adultos, seguramente leerán el libro y se ofenderán, pero más que eso cerraron sus ojos antes de pensar que sus hijos pueden estar haciendo algo así.
Motivos
• La relación del padre de Matías con sus muchas y variadas mujeres, relaciones que son reiteradas a lo largo del texto. Que probablemente llevan a Matías a ser tan liberal sexualmente, pero tan asustado al momento de comprometerse.
• La aparición del gringo Rusty, y sus repetidas y reventas fiesta, que dejan a Matías relegado a un segundo plano entre su grupo de amistades.
• Todos los personajes “enfermos” que aparecen el texto (neonazis masturbadores, viejas alcohólicas), no hay ninguna familia “normal” en el texto, Matías no soporta más la mentira que se vive en su familia y se va.
Segmento social representado
La segmentación social que involucra a este grupo corresponde al ABC1. Principalmente a esa juventud que se la a dado todo en la vida de forma muy fácil, en bandeja, y que frente a los problemas no saben que hacer, se angustian más de la cuenta. En su mayoría pertenecen a esas familias que se beneficiaron con el “boom” económico de los años ochenta, son de la mitad de arriba de la economía chilena.
Estilo de vida
El estilo de vida que llevan estos jóvenes está marcado, fundamentalmente por los resquicios frente a las normas impuestas por el régimen de turno. Buscan salidas alternativas para poder juntarse por las noches, noches en que la droga, el alcohol y el sexo son factores comunes entre estos grupos de jóvenes.
Grupo representado hoy en día
El grupo social exhibido en el libro de Fuguet, en cuanto a las circunstancias de la época y las motivaciones que tenían en aquella entonces, son los matices que han ido variando a través del tiempo, pero lo que proyectan como segmento social de la juventud es lo mismo que encontramos hoy. Su ética y códigos morales se han mantenido hasta nuestros días.
Lo que pasa con este grupo hoy en día es que se a hecho más evidente a nuestros ojos, pues no tienen las restricciones que tenían antes, como por ejemplo el toque de queda. Además que la masificación de los medios de comunicación a influido mucho más que antes en el comportamiento actual.
Durante las noches santiaguinas seguimos asistiendo al triste espectáculo que brindan muchos jóvenes, que a través de alucinógenos, escapan de ellos mismos (que moralista ¿no?). Seguimos viendo a esta juventud falta de motivaciones importantes, y más aún, evitando los desafíos importantes con una apatía que no es reciente.
Es obvio ¿ por qué se van a preocupar de problemas? Lo tienen todo. Hoy en día son muchos, y su vida es ya un prototipo lleno de cosas en común.
El auto como premio por salir del colegio (¡¡qué gran esfuerzo!!) Plata cada vez que quieren, prepotentes y con la seguridad de que el dinero de sus padres es el aval de sus actitudes. Terminan en universidades privadas con un título de ingeniero comercial a la espera de que sus padres les den un cargo importante en la empresa que explotan y que los explota.
Su imagen es la de “winners” (ganadores) sus ropas combinan con lo que son; simples looks, son solo pinta, recorriendo las calles, pero que desnudos son iguales o peores que el resto. ¿Que triste es no poder caminar desnudos, no?
Creemos que el grupo de aquel entonces, que hoy bordean los treinta años (generación x) son una generación tabú, no se habla del pasado y solo se trabaja, muchos de ellos son reprimidos de opinión y les da lo mismo la vida del resto, creen que sus culpas ya fueron pagadas (San Augusto) y hoy solo viven para ellos.
Opinión Personal
Sin duda el libro de Fuguet apareció en el momento justo, 1990. Recordemos que recién se había vuelto a instaurar la democracia en Chile, con lo que “Mala Onda” aprovechó una excelente oportunidad comercial ofrecida por los políticos de este país.
En aquella entonces, salió una serie de literatura con matices contestatarios que antes no eran posibles publicar (poco, pero algo a cambiado la cosa) y Fuguet viene a ser uno más, o más bien uno menos, de los autores que practican este estilo.
¿Por qué uno menos? Uno menos ya que se nota que el libro es netamente comercial y no profundiza mayormente en lo político, a pesar de los múltiples elementos que ofrece la novela, la política es un mero pretexto para contar una historia y en ese sentido el libro de Fuguet es bastante “amarillo”.
Basándose en lo anterior nos cuesta decir que la obra de Fuguet es honesta, es más bien una obra hecha a la medida de la moda, y eso no nos gustó.
Ahora, analizando el libro en términos más sociológicos, un punto interesante del libro, Fuguet intenta mostrar una realidad, que tal vez, no había sido mostrada tan tácitamente antes. Mala Onda es un libro muy descarnado y autorreferente de la juventud chilena ABC1. Las giras de estudio a Brasil son algo muy común entre las clases acomodadas de este país, y es en ese sentido que la obra de Fuguet es interesante y querida por los jóvenes, pues cada vez que aparece el libro y hablamos de él, las anécdotas personales de la gira de estudio son imparables. El libro no se recuerda, sino que hace recordar. ¿Se habrá propuesto eso Fuguet, no sabemos?.
El libro critica a la juventud nihilista que caracteriza a los noventa, la apatía de la generación MTV es desnudada ante los ojos de los lectores, lectores que conocían esta realidad, o bien conservadores que se empeñan en negarla. Como alguien dijo por ahí, en este sentido, la obra de Fuguet es una ventana que deja respirar en un ambiente saturado de apariencias, engaños y tabúes.
Pero sin duda el libro tiene una gracia, y es que esta escrito de muy buena forma, muy creíble para los jóvenes y por sobre todo representativa de ellos, por lo que, por que negarlo, nos identifico en su momento.
En definitiva el libro es liviano y entretenido, pero para leerlo solo una vez, con eso basta. Pero ¿qué se propuso Fuguet con este libro? Eso no lo sabemos con certeza, pero creemos que vender y entretener. Más de eso no.
Información sobre el Autor
Alberto Fuguet nació en Santiago de Chile en 1964. Hasta los trece años vivió en California, Estados Unidos. Luego de terminar sus estudios secundarios en Santiago, se tituló de periodista en la Universidad de Chile e inició una multifacética carrera como crítico de cine y de música Rock, columnista, dramaturgo, y novelista. Su libro de cuentos Sobredosis fue tal vez la chispa que estableció el fenómeno literario y editorial conocido como “la nueva narrativa chilena” en la conciencia del gran publico. Mala Onda -escrita cuando Fuguet tenía 25 años y ahora traducida al inglés como Bad Vibes- lo consagro como uno de los escritores más leídos del país. En 1994 publico su segunda novela Por Favor, Rebobinar, y ha sido también coeditor de las antologías Cuentos con Walkman y McOndo. Su ultima novela Tinta Roja (1996) ha sido publicada en 12 países.
Tras la presentación oficial de la banda sonora y el trailer de “Se Arrienda”, la ópera prima escrita y dirigida por Fuguet y estelarizada por Luciano Cruz-Coke, el escritor-cineasta señaló que no está en sus planes llevar al cine su libro “Mala Onda”.
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